
Artista revelación, Dueñas interpretará a Paganini en su debut con la OSG, hoy en Pontevedra y mañana en A Coruña
01 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Un alma con embrujo flamenco para recrear a quien, dicen, hacía brujerías con el violín. María Dueñas Fernández (Granada, 2002) interpretará a Niccolò Paganini en su debut con la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG). Lo de las brujerías «no se sabe, pero desde luego sus composiciones y su forma de tocar son increíbles», afirma, sonriendo, del considerado mejor violinista de todos los tiempos. Esta joven, ganadora de notables concursos en los dos últimos años, interpretará el Concierto para violín número 1 de Paganini, dentro de un programa que incluye la Cuarta sinfonía de Felix Mendelssohn y Fratres de Arvo Pärt (esta última pieza en su versión para percusión y cuerda). Bajo la batuta de Dima Slobodeniouk, el concierto se celebra esta tarde, a las 20.30 horas, en la sede de Afundación en Pontevedra, y mañana, a la misma hora, en el Palacio de la Ópera de A Coruña.
-¿Cómo afronta este debut?
-Estoy muy emocionada de tocar con Dima Slobodeniouk y con la Sinfónica de Galicia, que es un referente en España, una orquesta de mucho renombre.
-E interpretando al mejor...
-Lo toco con mucho gusto. Es un concierto muy difícil tanto en su aspecto virtuoso como en el lírico, pero es un hito fundamental.
-¿Es posible alcanzar el alma de un violín?
-Es difícil. Depende de muchos factores: del violín, de lo que tu quieras hacerle llegar al público, que es lo más importante. La gran clave del músico es conseguir emocionar al público.
-Cuando toca, ¿influye mucho su estado de ánimo?
-Sí, porque lo que se transmite son las emociones y eso el público lo nota.
-¿Es capaz de hacer llorar a alguien con el violín?
-Espero [risas]. De eso se trata y también de hacerles reír.
-¿Cómo empezó?
-Con 6 o 7 años, y mis padres luego se volcaron. En mi familia no hay precedentes de músicos, aunque la música siempre fue muy importante para nosotros. Desde pequeña he ido a conciertos de música en Granada.
-¿De flamenco?
-¡No, no! De música clásica, de orquesta. Siempre me he sentido atraída por el violín, mucho más que por cualquier otro instrumento.
-¿Y cómo hace para estudiar?
-Voy a la escuela como cualquier otro niño y saco tiempo para practicar el violín. Es verdad que en el instituto son flexibles con esto de viajar y dar conciertos. Por ahora no he tenido ningún problema de compaginación.
-La lista de concursos que ha ganado en los últimos dos años, desde Italia hasta China, pasando por Rusia o Polonia, es larga...
-Para mí los concursos son una motivación para seguir perfeccionándome, para estudiar, para echarle ganas. Todo lo que sea trabajar y ser exigente conmigo misma me da mucha motivación. El de China del año pasado, que era el concurso Mozart, fue muy importante. Y ahora recientemente he ganado el Vladimir Spivakov, en Rusia.
-¿Quién la forma musicalmente?
-Ahora estoy estudiando en la Universidad de Viena con el pedagogo Boris Kuschnir, que es uno de los referentes a nivel mundial de violín. Todavía no me creo que esté estudiando con él, porque era un sueño. Nunca imaginé que podría estar en sus clases. Me da muchísimo apoyo. Ya llevo dos años con él.
-¿Escucha otras músicas?
-Sí, de todo lo que ponen en la radio, ¡de todo! En Viena hay costumbre de escuchar de todo, también por el baile...
-¿También baila?
-Un poco. Allí es materia obligatoria porque hay muchos bailes y tengo que ir. La gente de mi edad va a aprender a bailar vals, foxtrot... Los bailes clásicos. Viena es un sitio perfecto para el arte.
-¿Les enseñará flamenco?
-Lo intento...
-Con todo este trajín, ¿dónde tiene a sus amigas?
-En todos lados. Cuando viajo voy haciendo amigas. Por ejemplo, cuando en mayo gané el concurso Yankelevitch, en Omsk (Rusia), en la final toqué con la orquesta y al acabar una músico, una flautista, me dijo que había sido muy emocionante y que me regalaba este anillo [el único que lleva puesto] porque para ella yo era como un diamante especial. A mí me emociona mucho ver que a la gente le gusta lo que hago y se divierte tocando conmigo.
De bailar el concierto de Año Nuevo a tocar en la Sala Dorada
«Un milagro». Así califica a María Dueñas el compositor Jordi Cervelló, que se ha inspirado en el talento y la musicalidad de la violinista para componerle dos obras que ella interpretará la próxima temporada. La joven artista habla de sueños que se van cumpliendo y su trayectoria parece dar la razón tanto al compositor con lo del milagro como a ella con los sueños. Y es que hace menos de un decenio, en la casa de los Dueñas, en Granada, el Año Nuevo arrancaba con la gente remoloneando y la música -«a un volumen bastante alto», reconoce la madre de María- del concierto de la Filarmónica de Viena sonando desde el emblemático Musikverein. La ahora violinista y sus hermanas pequeñas, Julia y Daniela, no solo escuchaban sino que bailaban en algunos momentos. Hace unos meses, el 17 de junio, María Dueñas estaba (con su familia) en la Sala Dorada y no ocupaba ninguna de las 1.744 butacas, ni tampoco las sillas supletorias que fue necesario colocar detrás de los músicos una vez agotas las entradas, ni estaba entre las 300 personas que asistían de pie al concierto [algo habitual y, para algunos, sorprendente, en este recinto]: la joven violinista estaba sobre el escenario -que durante años había visto por la tele desde su casa de Granada- con la Orquesta Bruno Walter y bajo la dirección del maestro Händler.
-Y ahora, ¿qué va hacer?
-En enero debutaré en Finlandia, en la ciudad de Lahti, también bajo la batuta del maestro Dima Slobodeniouk. También iré a Italia, con Paolo Olmi, y tengo una gira por Estados Unidos con el director alemán Marek Janowski. Y ojalá pudiera quedarme con mi profesor en Viena porque es maravilloso. Para mí no podría haber nada mejor.
-Su violín tiene tres siglos...
-Sí, lo tengo cedido por una fundación alemana.