Giancarlo Guerrero: «La música debe ser relevante, con significado emocional y personal»

Xesús Fraga
xesús fraga REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Guerrero, en un ensayo con la Orquesta Sinfónica de Galicia
Guerrero, en un ensayo con la Orquesta Sinfónica de Galicia MARCOS MÍGUEZ

Ganador de seis premios Grammy, el costarricense dirige a la Orquesta Sinfónica de Galicia

17 ene 2019 . Actualizado a las 10:10 h.

El mismo entusiasmo con el que Giancarlo Guerrero blande la batuta lo traslada a su discurso, sea para hablar de la música contemporánea, las orquestas juveniles o su pasado como percusionista. «Yo vine de atrás en la orquesta con dos palos y ahora estoy delante con uno», dice sonriendo.

Esta semana dirige a la Orquesta Sinfónica de Galicia (Palacio de la Ópera, viernes 18, 20. 30 horas; sábado 19, 20.00 horas) con un programa de inspiración meridional: con el segundo Concierto para piano y orquesta de Chaikovski conviven la rapsodia España de Chabrier, la Obertura del Carnaval Romano de Berlioz y la sinfonía Buenos Aires de Piazzola.

«Me imagino que los músicos y el público tendrán curiosidad por ver cómo yo, costarricense-nicaragüense [nació en el segundo país y de niño emigró al primero], interpreto España», reflexiona el director, un firme defensor de la libertad de interpretación, de la variedad y de ese elemento de riesgo y aventura que confiere emoción a una partitura cuando se ejecuta. «Conocemos la tradición, pero también es verdad que los compositores dejaron un espacio lo suficientemente amplio como para que dejemos nuestro sello personal». Guerrero advierte de que no hay que caer en el «peligro de que la música alemana solo puede sonar a alemana, ya que Beethoven es universal», pero que tampoco él tiene «el secreto» de la música latina por el hecho de haber nacido en América: «A veces las tradiciones nos pueden amarrar las manos y la música se vuelve monótona». «Para mí, la rutina es lo peor que puede suceder», subraya.

Parte de ese sello personal al que alude Guerrero viene dado, en su caso, por su formación como percusionista. «El ritmo es fundamental. Me he dado cuenta como director de lo importante que tener esa claridad, que el ritmo sea preciso, matemático, aunque estés tocando a Bach o Mozart o Beethoven. Luego se añade el estilo y el fraseo y el lenguaje», sostiene. Haber sido músico primero le aporta el conocer la perspectiva de los instrumentistas -«Lo que buscas es inspiración, convicción, ideas claras»- y también la camaradería, algo que echa de menos. «La dirección es mucho más solitaria», confiesa.

Esa experiencia formativa la adquirió Guerrero en Costa Rica, en el seno de una orquesta juvenil. Y fue precisamente el elemento social lo que lo atrajo. «Yo crecí en la orquesta, eran mis amigos», recuerda. También pasó cuatro años en El Sistema venezolano, que, según relata, José Antonio Abreu puso en marcha inspirado en la primera orquesta de este tipo, creada en Costa Rica en 1972: un conjunto juvenil tutelado por los músicos de la orquesta nacional. «Estoy muy orgulloso de ser un producto de la inversión de nuestros países en la cultura», presume el director, al igual que de los intérpretes de primer nivel que se formaron con él, y que ahora trabajan en la Filarmónica de Berlín o con Ricky Martin: «La mayor exportación de mi país, de tres millones de habitantes, son músicos de altísimo nivel. No se puede ignorar».

También se siente orgulloso Guerrero de que los seis Grammy que ha ganado hasta ahora han recompensado su apuesta por la música contemporánea. El dominio del cedé durante años llevó a las orquestas a grabar, una y otra vez, el mismo repertorio clásico: «Creo que el mundo no necesita otra grabación de la sinfonías de Mahler por la Orquesta de Nashville [que él dirige]. Por eso nos concentramos en la música contemporánea norteamericana. Nos olvidamos de que Beethoven fue nuevo en algún momento, de que Mozart tuvo premieres mundiales y a alguien le correspondió coger esa música y ejecutarla». Lo importante, para el director, es que la música sea «relevante»: «Debe tener valor emocional. Si carece de él, entonces no tiene sentido».