Lucía Lacarra: «La danza es mi vida, por lo que lo di todo y por lo que sacrifiqué todo»

Javier Becerra
javier becerra REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Lucía Lacarra
Lucía Lacarra JOSE LUIS REGALADO

La artista presenta en Galicia «Fordlandia» junto a Matthew Goldding, un espectáculo creado durante el confinamiento

19 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Lucía Lacarra (Zumaya, 1975) viene a Galicia a bailar, pero también a motivar. Dentro del ciclo Mar de Danza, que celebra el 30.º aniversario del Conservatorio Profesional de Danza de la Deputación da Coruña, presentará mañana Fordlandia (Teatro Colón, 20.30 horas, entrada gratuita con reserva previa), junto a Matthew Golding. Hoy impartirá una clase magistral para el alumnado del conservatorio. «El bailarín Gianluca Battaglia la dará en una barra para los alumnos del conservatorio. Estaré yo trabajando con ellos. Luego, tendremos un encuentro para poder charlar, motivarles y guiarles, basado en la experiencia que yo he vivido», explica la artista.

-Habla de fortaleza psicológica. ¿Es tan importante en la danza?

-Sí. Los podemos ayudar físicamente, pero también psicológicamente, enseñándoles cómo enfocar este impulso que están cogiendo ahora para conseguir llegar a un escenario. Es muy importante, porque no hay mucho seguimiento psicológico con los alumnos. La danza es una profesión muy difícil en ese sentido. La mente tiene que estar casi tan preparada como el cuerpo.

-¿Usted quiso ser bailarina desde la cuna?

-Sí. No recuerdo un solo día que quisiera ser otra cosa. Ni mi madre sabe de dónde venía esa vocación. Donde estaba yo, en Zumaya, no había nada. Aparte de un joyero antiguo, con una bailarina que giraba en un espejo con la música de El lago de los cisnes, ante el cual parece que pasaba horas mirando, nunca tuve un contacto directo con la danza como para que con tres años yo dijera: «Voy a ser bailarina».

-¿Qué les dice en esos encuentros a los que quieren dar el paso?

-Que esto no es una profesión como otra cualquiera, sino algo que te condiciona la vida. A los 13 años yo me di cuenta que, para poder bailar, nunca iba a poder vivir con mi familia. Son decisiones muy difíciles a tomar cuando eres muy joven. Además de lo físico tienes que saber a qué nivel te gusta la danza y qué estás dispuesto a dar por ella. Hay gente que le gusta bailar, pero lo quiere hacer a un nivel que le sea más confortable. Eso hay que saberlo y tenerlo claro.

-¿Se ha preguntado alguna vez por qué baila usted en particular y la gente en general?

-Porque somos humanos y necesitamos expresarnos. Yo bailo porque es mi mejor manera de expresarme. Lo primero que tuve seguro en la vida es que iba a ser bailarina y que quería estar en un escenario. Es mi vida, por la que lo di todo y lo sacrifiqué todo. En lo que trabajo y en lo que disfruto todos los días.

-Presenta en Galicia «Forlandia», un espectáculo único por su propia gestación.

-Se creó durante el confinamiento. La danza había desaparecido del mapa, todos los teatros estaban cerrados y las compañías también. Nosotros estábamos bailando en Alemania y nos llamaron diciendo: «El teatro se cierra y os recomendamos que cojáis el primer vuelo que podáis». Yo volví al País Vasco. Mathew se quedó en Ámsterdam para pasar en principio unos días. Al día siguiente nos confinaron. Fue todo un shock.

-¿La creación del espectáculo fue el modo de superarlo?

-En ese momento uno tiene que tener entereza. Nos dijimos: «Vamos a utilizar este tiempo para crear». Siempre habíamos querido hacer un espectáculo a dos, pero nos faltaba el tiempo para desarrollarlo. Vimos que, por desgracia, teníamos el lujo del tiempo y lo invertimos en algo positivo. Finalmente, Fordlandia fue una vía de escape para evadirnos de esa cosa tan gris e incierta que estábamos viviendo y soñar a través de la creación. Plasmar honestamente esa separación que sentíamos y las ganas de encontrarnos.

-¿Cómo trabajaron?

-Por teléfono. Teníamos dos coreografías en las que habíamos trabajado en tiempos libres. Las habíamos pensado para galas. Además, había un montón de selección de música que nos encantaba y, entonces, empezamos a soñar y a reagrupar música y trabajar las coreografías. La única que teníamos hecha de antes, era After The Rain. Fue un símbolo de toda nuestra historia. Supone el retorno a nuestra antigua normalidad, que es de lo que hablábamos todo el tiempo entonces. Para nosotros la normalidad era volver a encontrarnos en el escenario y a bailar una coreografía que habíamos estrenado poco antes de la pandemia.