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Antonio López: «Estoy pintando mi entorno, mi casa, mi gente, mis vecinos y me autorretrato con la mirada de un viejo en activo»

Miguel Lorenci MADRID / COLPISA

CULTURA

Antonio López, durante la presentación de su obra «Vista de Madrid (Museo Arqueológico desde la calle Serrano)», en el Museo Arqueológico Nacional (MAN), que incorpora el lienzo, realizado entre 1961 y 1962, a su exposición permanente.
Antonio López, durante la presentación de su obra «Vista de Madrid (Museo Arqueológico desde la calle Serrano)», en el Museo Arqueológico Nacional (MAN), que incorpora el lienzo, realizado entre 1961 y 1962, a su exposición permanente. Fernando Sánchez | Europa Press

El Museo Arqueológico Nacional exhibirá durante cinco años una de las vistas urbanas más tempranas del maestro del realismo: «No puedo pintar nada que no tenga delante», confiesa

24 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

En 1961 un joven pintor de 25 años, Antonio López García, recibe un encargo del Banco de Vizcaya para pintar una vista de Madrid. Durante los meses de aquel gélido invierno pintó en la plaza de Colón Vista de Madrid (Museo Arqueológico desde la calle de Serrano). Es la segunda vista madrileña de quien se consagraría como el gran maestro del realismo. Un genio que ha dedicado buena parte de su obra a retratar la capital.

Esa pintura, que forma parte de la colección de 9.000 obras del Banco Bilbao Vizcaya, se expondrá durante los próximos cinco años en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) gracias un acuerdo de cesión gratuita con la entidad de crédito. «Entonces pintaba más rápido», explica el hoy casi nonagenario artista -cumplirá los 90 el próximo 6 de enero- ante el cuadro.

Lo pintó en la terraza de una compañera de la Escuela de Bellas Artes. Cada tarde, desde las cuatro hasta que el sol se escondía, montaba allí su caballete. «Hacía un frío terrible, y pude aguantar gracias al capotón que me hizo Mari, mi mujer», rememora recordando a su fallecida esposa. Antonio López y María Moreno se habían casado poco antes y él quiso meter en el cuadro «algo relacionado con el amor que no se viera mucho». Incluyó una pareja besándose en la copa de un árbol, unas figuras «flotantes» apenas visibles que recuerda a las de Chagall y dan al lienzo un toque de realismo mágico. «La pareja de Chagall se hubiera visto más que la mía», bromea el pintor.

Detalle del cuadro de Antonio López en que se aprecian -a la izquierda- los amantes besándose sobre un árbol.
Detalle del cuadro de Antonio López en que se aprecian -a la izquierda- los amantes besándose sobre un árbol.

Han pasado casi 65 años y el cuadro no le parece acabado del todo. «Quizá ahora hubiera metido el disco del Sol», dice. «Si hubiera sabido que acabaría aquí, le hubiera dado más protagonismo al museo», afirmó en la sala número 31 del MAN donde se ha instalado la pintura, junto a un retrato de Isabel II, su fundadora, y «rodeado del piezas de arte antiguo que me enamoran». «No hay nada comparable al arte ibérico», agregaba el pintor a solo unos metros de La dama de Elche, la pieza estelar del museo.

Del centro al extrarradio

«Entonces no sabría que Madrid sería el centro de mi pintura», admite López, que sigue descubriendo «una ciudad muy joven, no muy muy arqueológica, como Venecia o Roma». «Es complicada para vivir pero fabulosa para pintarla. Da la medida de sus habitantes, a pesar de que no es tan artística como Nueva York o París», asegura López, cuyo viaje pictórico urbano ha ido «del centro al extrarradio», buscando los límites de la urbe, como hizo en Vallecas.

Ahora ha descubierto «los Carabancheles» y espera que le den permiso para pintar otra vista de Madrid desde la azotea del Hospital Militar Gómez Ulla. «La ciudad ha dado sentido a mi obra. Con diecisiete años, en vez de acompañar a mi tío a pintar al campo, empecé a mirar a Tomelloso», relata el pintor nacido en esta localidad manchega en 1936 y que sigue embelesado con la ciudad.

Tiene en marcha una vista de la Puerta del Sol a la que volverá este verano, pintando con los termómetros rozando los cuarenta grados. Está acabando dos grandes relieves para la catedral de Burgos y ha iniciado «un proyecto insólito» en su carrera, «llena de interiores deshabitados». «Estoy pintando mi entorno, mi casa, mi gente, mis vecinos y me estoy autorretratando. Es la mirada de un viejo en activo», razona.

De Hopper a Bacon

«No puedo pintar nada que no tenga delante y no soy el único. Vermeer fue el pintor de Delft, Canaletto de Venecia, los lugares donde vivían... yo pinto Madrid», dice este maestro del realismo que adora la pintura figurativa del siglo XX, en «que, de Hopper a Bacon, todos hemos pintado con total libertad». «Si me quitan esa pintura, es como si me amputaran una pierna».

Isabel Izquierdo, directora del MAN, recordó que el cuadro ya estuvo en el museo de abril a julio del 2024, para la celebración del décimo aniversario de la reforma del edificio. Su regreso ahora «es un regalo para los visitantes». «Este cuadro tiene para el museo un valor histórico y documental añadido, ya que muestra la puerta original de entrada al edificio», dijo.

Checa Pardo, director global de estrategia de talento y cultura del BBVA, contó cómo el desaparecido Banco Vizcaya encargó en 1961 la pintura a un prometedor pintor para decorar una sala de una de las sedes del banco en la plaza de Felipe II. «Es una de las obras más representativas de las más de 9.000 que atesora la colección BBVA», elogió.