Dijo bien alto que no quería ser segundo plato de nadie y exigió al equipo que no le convirtiera en el nuevo Barrichello. Felipe Massa tiene su amor propio y quiso dejárselo claro a Ferrari y a su compañero Fernando Alonso. Lo hizo de palabra, pero no lo refrendó sobre el circuito de Suzuka, donde el brasileño vivió un fin de semana negro.
En realidad fue todo en un solo día, como para la mayoría de los pilotos. La lluvia obligó a comprimir la clasificación y la carrera y Massa inauguró la jornada con un discreto puesto (el 12) que hasta lo apartó de la Q1. Frustrado por los resultados de primera hora, el subcampeón mundial del 2008 quiso remediarlo en la salida. Pero solo empeoró las cosas.
En la primera curva, justo cuando Petrov embestía a Hülkenberg, el brasileño sacaba de pista a Vitantonio Liuzzi. El monoplaza del compañero de Alonso quedaba completamente destrozado. La única buena noticia para Massa es que su maniobra no tendrá sanción: los jueces han considerado que el de Ferrari trataba de esquivar a Nico Rosberg.