Adrián tiene el enemigo en casa. Al viveirense le pisan los talones Miguel González Carballada y Tariku Novales, sus compañeros de generación. La que emergió el verano pasado, siendo cadetes, en los trials europeos de Bakú clasificatorios para la olimpiada de la juventud. Un año después, Ben es el abanderado de un puñado de juveniles (hombres y mujeres) que prometen larga vida al atletismo gallego.
Esta competencia en cada cita doméstica ha hecho crecer a la carrera al lucense, pero para firmar una marca de 3m 48s en los 1.500 metros (la cuarta mejor europea de la temporada y un registro estancado en el tiempo en España) se necesita algo más que rivales en el tartán. Lo primero, talento para el atletismo; lo segundo, la velocidad que le permite marcar la diferencia con respecto a sus compañeros de generación; lo tercero, una técnica que promete, y lo principal: espíritu de sacrificio. Poco importa que Viveiro forme parte del páramo de infraestructuras deportivas en Galicia y que el tartán más próximo le pille a un centenar de kilómetros. Solo es cuestión de sacar el máximo rendimiento a cada escenario de entrenamiento.
Adrián Ben tiene a su favor que es un buen competidor, que ha progresado rápido y que por el momento sabe convivir con la presión, aunque las gentes del atletismo repiten una y otra vez que es juvenil y que hay que dejarle crecer. Sin apurar plazos y sin olvidar que todavía está en fase de formación, con muchas fases que quemar por delante.
Una de ellas es elegir su prueba ideal. Como casi todos, comenzó en el cros, en donde se defiende de maravilla, pero en la pista va como una moto y en los obstáculos promete. Un abanico que suena a cheque al portador para el futuro.