Marián y Claudio iluminan el Celta

DEPORTES

Xoán Carlos Gil

09 mar 2025 . Actualizado a las 19:20 h.

El miércoles se cumplirá un año desde la llegada de Claudio Giráldez al banquillo del Celta para sustituir a Rafa Benítez. Antes, en diciembre del 2023, Marián Mouriño sucedió a su padre en la presidencia. Ya en su mandato le tocó tomar una decisión tan complicada como la del relevo de entrenador y de modelo. Y el tiempo constata que los cambios le han sentado bien al club. El tándem Marián-Claudio le ha dado otra dimensión a la entidad, dentro y fuera del campo. No hay más que ver cómo suena la foto de Oliveira dos cen anos en cada partido, cómo disfruta la afición en Balaídos ya antes de que se ponga el balón en juego. Evidentemente, los resultados ayudan y allanan. Pero nadie puede discutir que no era fácil escoger el camino finalmente elegido.

A Giráldez hay que concederle el mérito de una apuesta muy valiente en el fondo y en la forma. Su Celta quiere el balón, lo hace circular con velocidad, asume riesgos por su vocación de buscar la portería contraria. No cabe hablar de rotaciones porque no hay un once más o menos fijo. Cualquiera puede entrar o salir. Nadie le ha dado tanto vuelo a la cantera. ¿Quién hubiese apostado por la pareja Hugo Sotelo-Damián para llevar el timón ante el Leganés? Es el ejemplo más reciente. Lo que no cambia es la idea. En los despachos también han cambiado las cosas, sobre todo a la hora de reconducir las relaciones institucionales. Ya no hay choque de trenes con Abel Caballero. Llegó el entendimiento con los comuneros de Mos para desbloquear el proyecto del complejo deportivo.

Por encima de todo, el Celta se percibe como un club más cercano, más pegado a su afición, más amable. Y sobre el césped hay un equipo reconocible y una identidad muy del agrado del celtismo. Personalizar el cambio en Marián Mouriño y Claudio Giráldez puede acarrear injusticias, porque hay mucho más detrás. Pero con ellos entró mucha luz.