
Prometió conducir a la Champions a un Real Valladolid camino de su tercer descenso con un presidente ausente y en un ambiente de guerra
26 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«En cinco años lo normal es que el Real Valladolid pelee por jugar la Champions», predijo Ronaldo Nazário da Lima cuando en septiembre del 2018 se presentó como máximo accionista. En la misma conferencia de prensa, el legendario exdelantero brasileño prometió su máxima implicación: «¿Qué te crees, que me voy de vacaciones y me compro un equipo? Hay mucho trabajo por hacer, hay que seguirlo de cerca». Transcurridos casi siete cursos, los blanquivioletas firman los peores números de su historia —son colistas con 16 puntos en 28 jornadas— y se encaminan a un descenso casi irremediable, el tercero bajo la responsabilidad de un presidente ausente.
Solo tres veces esta temporada, «que se sepa», visitó la ciudad el gran señalado por una desencantada grada del José Zorrilla. «Estuvo en el estadio en la primera jornada, vino en diciembre a la junta de accionistas y hace dos o tres semanas asistió a un entrenamiento, pero no fue al partido», detalla el periodista pontevedrés Jesús Domínguez, afincado desde hace 18 años en Valladolid, donde dirige el medio online Blanquivioletas.

Constantes rumores de venta
Los continuos rumores de venta, alimentados por las declaraciones y acciones del propio Ronaldo, que llegó a postularse a la presidencia de la Confederación Brasileña de Fútbol tras desprenderse del Cruzeiro, controvertidas decisiones como un rediseño del escudo tumbado por el clamor popular y, especialmente, la escasa inversión en la plantilla y sus resultados deportivos han terminado de forjar la imagen de «una propiedad extranjera sin arraigo a la ciudad».
«Recibo insultos de mi propia afición cuando yo lo único que quiero es lo mismo que ellos, salvarme», denunció tras una derrota contra el Rayo Luis Pérez, uno de los capitanes, en otra muestra del ambiente de guerra que se vive en el entorno del Pucela, mientras Ronaldo sigue desaparecido. Hace unos meses, el brasileño se exhibía despreocupado en su cuenta de Instagram practicando tenis mientras su equipo jugaba, y perdía, un importante encuentro en Getafe.
«Creo que hace tiempo que dejó de tener ilusión por el Real Valladolid, esa conexión o enganche. Es un negocio, pero para él está lejos de ser una prioridad. Hace unos años priorizaba los videojuegos, ahora el tenis y pronto será el pádel, o lo que cuadre. Quiso presentarse a presidir el fútbol brasileño, ya ha hecho inversiones en Asia y Oriente Próximo... Hace unas semanas publicamos que había un proceso de venta cercano por 35 millones, otros compañeros hablan de 40. El caso es que acepte la depreciación del club, que llegó a valorarse en 80, para vender», analiza Domínguez.
Cuando invirtió en un Pucela recién ascendido a Primera, Ronaldo pagó 30 millones de euros por el 51 % de las acciones. «Compré el club con dinero de mi bolsillo. No hay ninguna inversión externa ni ningún fondo de inversión. No tengo socios. Es un proyecto mío y me encanta que sea así», dijo en el documental El Presidente, de Dazn, un hombre que adquirió en el 2019 otro 21,7 % de la propiedad de la entidad.

«Quiso tratar a los jugadores como estrellas de Hollywood»
«Como jugador era un ganador y su repercusión es tremenda», detalla Jesús Domínguez sobre la ilusión que generó en un equipo «ascensor, que estuvo cerca de desaparecer en el 2012» el aterrizaje del que fuera dos veces campeón del mundo y goleador del Barcelona, Inter de Milán, Madrid y Milan, entre otros. «Siempre dijo que el club funcionaría desde la autogestión, sin ampliaciones de capital, pero a los pocos meses de llegar estaba entregando a Porzingis una camiseta del Real Valladolid en el Madison Square Garden, le dieron varios premios por su gestión, se hablaba del club en muchos medios extranjeros... Era lógico pensar que todo eso supondría la llegada de inversores», explica.
Siete años después, su gestión deja algunos réditos en cuanto a una estructura de club «más profesional», que recuperó su sección femenina y vinculó al equipo de baloncesto actualmente en la LEB Oro: «Se han solidificado muchos cimientos del club, que hace poco tenía la misma gente que otros de Primera Federación. Ya no hay foso en el estadio, revistió el exterior y da una imagen mucho más moderna, hay un campo más en los Anexos... También hay más empleados en todos los departamentos. Ha crecido el gabinete de comunicación, la dirección deportiva, el personal de cantera.. Pero en lo deportivo este trayecto ha sido bastante duro».
Es su manejo de los recursos futbolísticos del club lo que ha hecho que Ronaldo pase de ídolo a villano en Valladolid. «En el documental de Dazn decía que hay que tratar a los jugadores como estrellas de Hollywood, y cada vez que encadenaban dos o tres partidos sin perder les regalaba móviles o play stations de su bolsillo», cuenta el periodista gallego. «En un momento de la pandemia, Sergio González quiso sancionar a varios jugadores que se saltaron el régimen interno y no le dejó, le dijo que esto no es una cárcel», añade.
Pocos fichajes notables
El nombre del presidente, sin embargo, no ayudó a conseguir fichajes de relumbrón, más allá de un Hatem Ben Arfa que pasó por Zorrilla sin pena ni gloria. Tras mantener al exdeportivista Sergio González como entrenador durante dos temporadas y descender en el 2020, el Valladolid recuperó la categoría por la vía rápida de la mano de José Rojo, Pacheta. Su destitución tras una dura derrota ante el Madrid que Ronaldo presenció en directo en el Santiago Bernabéu y la elección como sustituto de Paulo Pezzolano, procedente del Cruzeiro, el otro club que presidía, abrió una brecha difícilmente salvable con la afición.
Los constantes enfrentamientos entre el técnico uruguayo, la afición y la prensa mantuvieron lejos del foco a Ronaldo Nazário hasta el pasado verano, cuando, tras un nuevo ascenso, las salidas de dos hombres clave como Monchu y Boyomo terminaron de debilitar a una plantilla que apenas solo se reforzó con cesiones. El panorama no cambió en el mercado invernal, con una nueva reestructuración, mientras el excapitán blanquivioleta Álvaro Rubio, procedente del filial, asume las riendas del equipo al que no pudieron encauzar ni Paulo Pezzolano ni Diego Cocca.