Las calculadas piedras de Ordóñez para bloquear el camino en solitario de NCG

Rubén Santamarta Vicente
rubén santamarta REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

Detractor de la fusión gallega, el jefe del Banco de España deja el cargo en diez semanas con una última zancadilla

23 abr 2012 . Actualizado a las 12:14 h.

En julio del 2006, cuando el mundo iba como un disparo, Miguel Ángel Fernández Ordóñez entraba con mucho ruido a la sede del Banco de España. Era un gobernador impuesto por el Gobierno de Zapatero, de espaldas al PP. En julio del 2012, con España a la deriva económica, se irá del palacio de la plaza de Cibeles por la puerta de atrás, dejando un rosario de descontentos (el PP, el equipo económico de Mariano Rajoy, directivos de bancos y cajas, sindicatos, exministros de Zapatero...), ocho reformas financieras que no han arreglado casi nada, y un territorio damnificado: Galicia.

Ordóñez fue uno de los principales detractores de la fusión de Caixa Galicia y Caixanova, por la que apostaba la mayoría del país. Por si quedaba alguna duda, lo repitió hace apenas dos semanas en público: «Aunque la constancia y la habilidad de la supervisión [del Banco de España] consiguió convencer a la mayoría de las comunidades autónomas de la inevitabilidad de hacer fusiones con cajas de otros territorios, es conocido algún caso en que se frustraron alternativas interregionales más sólidas». Blanco y en botella.

MAFO (como se le conoce en el argot económico, tomando las iniciales de su nombre y apellidos) tuvo que tragar con esa fusión, y a partir de ahí no ha dado concesión alguna. Este es un repaso a sus actuaciones hacia la actual Novagalicia Banco.

Fusión

Negativa desde el primer momento. Al inicio de la crisis, las dos cajas de la comunidad se encontraban en una situación económica difícil, tras inversiones dudosas y una fuerte expansión por toda España que, conviene recordar, no controló el supervisor. Dejó hacer en este caso y en todos. En el 2008, con Europa auxiliando a su sector financiero, MAFO exponía así al sector financiero español: «Las entidades de crédito españolas afrontan la situación actual desde una posición de solidez que, en el contexto internacional, no está exenta de cierta singularidad». Cuando llegó la hora de frenar, Ordóñez expuso que eran mejor fusiones interregionales que grandes entidades en un solo territorio. No objetó la creación de Catalunya Caixa (otra caja regional), pero sí se empeñó en frustrar la unión gallega. Su negativa la conocieron en persona responsables de la Xunta y también lo dijeron en Santiago dos enviados del gobernador. En mayo del 2010, sin embargo, se acordó la fusión.

Primeras medidas

Más saneamiento, menos capital. Una de las primeras decisiones que tomó la dirección de la nueva caja, llamada Novacaixagalicia, fue abordar un fuerte saneamiento de sus activos, de más de 2.000 millones de euros, siguiendo indicaciones del propio Banco de España, algo reconocido por la entidad gallega y por la propia Xunta. Eso derivó, en cambio, en que la caja se quedara con un nivel de solvencia (core capital) bajo (un 5 %), aunque por encima de lo exigido legalmente (un 4 %). Sucedió en diciembre del 2010. A finales de enero del 2011, el Gobierno, en connivencia con el supervisor, acordó exigir un core capital del 10 % para las cajas. Un nivel imposible para la gallega.

Valoración de la caja

Apenas 181 millones. La situación anterior derivó en que la caja gallega tendría que convertirse en un banco, algo inesperado, en el que dar entrada a socios privados o, en su defecto, el Estado (a través del FROB). Para ello había que tasar previamente a la caja, determinar cuánto valía, para, a partir de ahí, definir el dinero que haría falta para llegar a ese 10 % de capital. ¿Resultado? La primera entidad financiera gallega, con 50.000 millones de euros en depósitos, apenas valía 181 millones, a juicio del Banco de España, el tasador. ¿Consecuencia de esa baja valoración? El Estado pasaba a controlar el 93 % de la entonces NCG Banco.

Indemnizaciones

Puesto de perfil. El nacimiento de NCG Banco coincidió con un escándalo: las millonarias indemnizaciones a los antiguos gestores de la caja gallega. Más de 20 millones de euros repartidos entre 4 directivos que se fueron de una entidad que había recibido 3.600 millones en ayudas. El gobernador del Banco de España, a juicio de todas las fuentes, conocía esas retribuciones. Pero no hizo nada para impedirlo. Y si no las conocía, su papel como supervisor quedaba en entredicho.

Las preferentes

Un producto consentido y hoy sin solución. Entre el 2008 y el 2009 la gran banca española colocó entre clientes particulares -no expertos financieros- más de 12.000 millones en participaciones preferentes, un producto sofisticado y a perpetuidad. El Banco de España no vetó su comercialización. Este 2012 ha estallado el llamado corralito financiero cuando los clientes han intentado retirar esos fondos y no han podido. Un gran escándalo social. Hoy NCG es de las pocas entidades que no pueden dar una solución al problema generado a sus clientes. Y MAFO no ha dado tampoco ninguna facilidad a las alternativas presentadas por los directivos del banco.

Plan de futuro

Sí a la subasta. El último obstáculo. El Banco de España comunicó por correo electrónico el viernes -y a petición de la dirección de NCG, y por otro motivo- que no puede dar su beneplácito al proyecto de entrada de inversores privados internacionales en el banco, con un blindaje para ellos. Pero sí su luz verde a la subasta de toda la entidad. Lo que quiere la gran banca. Es la última piedra.