No resultó el león tan fiero como lo pintaban. Bien podían pensar muchos que el nuevo frente abierto por el Constitucional luso en la crisis del euro pasaría ayer factura al resto de la periferia. Pero no fue así. Los mercados aguantaron bien la embestida y salieron airosos del trance. Tanto es así que las primas de riesgo apenas si se resintieron. La española, de hecho, mejoró. Bajó tres puntos, hasta los 351. Y, lo mejor, con la rentabilidad del bono a diez años por momentos en los niveles más bajos en más de un año. Llegó a caer por debajo del 4,7 %, aunque después cerró en el 4,75 %. La única que reflejó la tensión fue la prima de riesgo lusa. Pero, sin aspavientos. De hecho, acabó la jornada con un imperceptible avance de tres puntos, hasta los 518.
Por otra parte, y desde ayer, los inversores particulares pueden comprar y vender deuda española en el mercado secundario, que es donde se intercambian los títulos una vez emitidos por los Estados. La operativa, que se realizar a través de Send, la plataforma electrónica de Bolsas y Mercados Españoles (BME), es muy parecida a la que se emplea en el intercambio de acciones de las empresas cotizadas. Hasta ahora, los pequeños inversores podían comprar bonos, obligaciones y letras solo en el mercado primario. Esto es, en las subastas, acudiendo al Banco de España, por Internet, o a través de una entidad financiera. Pero no podían ir al secundario, reservado a los inversores institucionales. Ahora ya no es así.