
Ambas pactaron una coartada, que echó por tierra el novio de la víctima a las pocas horas del crimen «Sólo querían saber qué se siente al matar». Nada más. Las presuntas asesinas de San Fernando _las dos chicas de 17 y 16 años que asesinaron a puñaladas y degollaron a su amiga Clara, de 16_ sólo buscaban sensaciones, guiadas por «una atracción invencible por la muerte». Ambas tenían preparada una coartada que, sin embargo, se derrumbó a las pocas horas del crimen, cuando la policía interrogó al novio de Clara. Las dos jóvenes pasaron ayer su primer día en la cárcel Puerto II.
30 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Pretendían que su crimen quedara impune y, para ello, idearon una coartada. Según ha podido saber Diario 16 de fuentes de la investigación, Raquel C. T., la mayor de ambas, e Iria S. G., pretendieron hacer creer que no habían visto a Clara la noche del sábado. Fue a primera hora de la noche, cuando, ya cometido el crimen y tras ir a sus respectivos domicilios a guardar las ropas ensangrentadas y el arma, fueron en busca de la pandilla y, en concreto, del novio de Clara para preguntarle por su paradero. «Pero, ¿no estaba con vosotras?», fue la respuesta del joven, que acababa de jugar un partido de fútbol por lo que no había quedado con Clara. Ellas, a su vez, se hicieron las extrañadas. Cuando a la mañana siguiente la familia de la víctima denunció su desaparición y los agentes preguntaron al novio, éste les indicó de inmediato lo ocurrido, echando por tierra la floja coartada de las jóvenes. Planearon de manera conjunta el crimen, aunque fue Raquel la que asestó a Clara las veinticinco puñaladas, mientras Iria la sujetaba. En el cuerpo de Clara quedaron señales de la lucha mantenida. No hubo carteo con Rabadán El lunes, tras más de medio centenar de horas de interrogatorio, las chicas comenzaron a dar muestras de arrepentimiento, según el abogado defensor de Raquel, Luis Pérez Matallana. Sin embargo, en su primer día en prisión en Puerto II, estaban como en una nube. Mientras tanto, en la cárcel de Murcia, José Rabadán, el joven de 17 años que el uno de abril mató con un sable japonés a sus padres y su hermana, permanece ajeno. Raquel e Iria, fascinadas por su crimen y atraídas por él, le habían convertido en su héroe, pero, en contra de lo publicado, nunca llegaron a cartearse. El juez instructor, Juan José Parra, que ayer levantó el secreto del sumario, descartó la implicación de una tercera persona en el asesinato y aseguró que se ha caído en demasiadas especulaciones, «que han generado mayor alarma social».