Amenazan con obstaculizar la carrera de Rajoy hacia la Moncloa
06 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La felicidad total no existe. Podría Mariano Rajoy degustar sus vísperas presidenciales sin turbación, pero tiene un par de sarpullidos que pueden amargarle su travesía hacia la Moncloa. Uno es Francisco Camps, un imputado judicial cada vez más desafiante, y el otro Álvarez Cascos, un antiguo barón todopoderoso que quiere emular a don Pelayo e iniciar la reconquista del Partido Popular desde Covadonga. Camps, para empezar, es capaz de aguar la fiesta popular allí donde se convoque.
Venimos de una tormentosa legislatura en la que el ex presidente balear Jaume Matas se ha paseado por los juzgados para explicar sin éxito su desproporcionado incremento patrimonial. Génova, con buen criterio, ha limpiado de imputados las listas de candidatos en las islas. Es el gran día para contarlo, pero se presenta Camps en Mallorca con docenas de hooligans, se convierte en el centro de la fiesta y del candidato popular llamado a desbancar al socialista Antich seguimos sin saber cómo se llama. Ni una cita en las crónicas. Todo ha sido que si después de saludarlo fríamente Rajoy dijo a los periodistas «Bueno, ya hemos cumplido, ¿no?», o que si De Cospedal, que no lo quiso en su proclamación como candidata en Albacete hace unos días, lo besó en Mallorca.
Peligro
«Besos contra la corrupción», tituló ayer un diario en portada. Camps, actor principal; Rajoy y De Cospedal solo citados en relación con su saludo a Camps y el candidato balear, desaparecido. Un fiasco. Más peligro aún: puede ser el primer presidente de comunidad autónoma condenado por cohecho impropio y ensombrecer la carrera presidencial de Rajoy. Además, Camps es líder de un partido que en aquella comunidad convive con los juzgados en las tres provincias.
«Lo de Alicante con el caso Brugal es muy grave», sostiene el candidato socialista Jorge Alarte y «lo de Castellón con Carlos Fabra, que solo se escapa de la Justicia porque prescriben milagrosamente sus casos, algo de lo que avergonzarse». Para Alarte, «antes se asociaba Valencia con naranjas, muebles, juguetes, exportación y emprendedores, y Camps y su gente han conseguido que Valencia se asocie a corrupción. Eso los valencianos no nos lo merecemos». Ni los valencianos, ni Rajoy. Pero no ha sido capaz de apartarlo de las listas.
Y en Asturias, Álvarez Cascos cada vez más crecido. El PP le busca las cosquillas, pero su primera línea en aquella comunidad -en especial el alcalde de Oviedo- tiene aparentemente cadáveres en el armario. La previsión a menos de cien días de las urnas es que Álvarez Cascos pueda empatar a diputados con el PP, e incluso superarlo. Formar Gobierno en Asturias va a ser una risa y lo único que se conoce es la fractura de la derecha asturiana y la pérdida de gas del socialismo asturiano.
Por eso, Zapatero reclamó ayer que solo se gana el partido si se sale a ganarlo. Pero es que sus militantes malgastan su tiempo digiriendo las noticias de las ocurrencias gubernamentales -como la de reducir la velocidad en las carreteras- y explicando lo que no entienden.
Es verdad que gastamos demasiada energía y no tenemos conciencia de su precio. Pero eso no justifica medidas improvisadas y discutidas por los técnicos con falta de diálogo con quienes merecen una explicación porque tienen competencias relacionadas, léase los Gobiernos de Madrid y Cataluña. Estamos en un cambio de escenario a peor por el precio del petróleo y los tipos de interés. Pero también ante un cambio de escenario político. Rajoy lo tendría muy bien si no le importunaran Cascos y Camps.