El avión de Air Canada aterrizó sin incidentes tras cuatro horas sobrevolando Madrid
ESPAÑA
Final feliz para un día de infarto en Barajas: «Sin problemas. Ni una chispa», aseguraron las autoridades del aeropuerto. Vídeo: así quedó la rueda del aparato
04 feb 2020 . Actualizado a las 11:15 h.El vuelo AC837 de Air Canada, con 128 personas a bordo, aterrizó de emergencia a las 19.06 horas de ayer en Barajas, sin ningún tipo de problema. El aparato, con destino Toronto y que estuvo más de cuatro horas sobrevolando las inmediaciones de la capital de España para liberar el queroseno que le hubiera servido para atravesar el Atlántico, consiguió tomar tierra sin que se incendiara el tren de aterrizaje, que resultó dañado durante la maniobra de despegue. Los restos que se desprendieron de uno de los neumáticos reventados fueron, además, succionados por el motor izquierdo, que quedó inutilizado.
Según sus familiares, que tras conocerse la noticia se trasladaron a Barajas, los ocupantes se dieron cuenta en seguida de lo que ocurría. «Han sentido perfectamente cómo reventaba la rueda», explicaba Julia Muñoz, que estaba en la T1 tras despedir a un compañero de trabajo que volvía a Toronto. «Hemos pasado más nervios nosotros en tierra que los que estaban en el avión», añadía después de comprobar que su amigo estaba bien.
«Sin problemas. Ni una chispa», cinco palabras en el control aéreo de Barajas pusieron punto final a la angustiosa odisea de Boeing 767-375 ER. Cinco palabras que conjuraban el gran temor de los especialistas durante todo el día: que un posible rozamiento del averiado tren de aterrizaje contra el asfalto provocara chispas y el consiguiente incendio. Las imágenes del avión intacto y la inmediata confirmación del comandante de que no había fuego por ningún sitio provocaron un suspiro de alivio en toda Barajas y también aplausos. Los mismos que también se oyeron desde el interior de la aeronave.
Los informes que llegaron minutos después de que tomara tierra confirmaron que nadie resultó herido en un aterrizaje de emergencia de «libro» en la pista 32L, la más larga de todo el Adolfo Suárez y que cuenta con un sistema de frenado de emergencia (EMAS) a final de pista, que no tuvo que ser utilizado, ya que el Boeing se ha detuvo tras recorrer la distancia habitual de una aeronave de esa envergadura.
Una hora antes de que el aparato de la compañía canadiense comunicara a Barajas que iba a tomar tierra tras vaciar o consumir todo el queroseno, los dos pilotos del caza F-18 del Ejército del Aire procedentes de la base de Torrejón de Ardoz ya habían avisado de que eran optimistas, dentro de la gravedad de la situación. El avión, a pesar de que tenía el motor izquierdo averiado, mantenía sin problemas la estabilidad.
Los militares también informaron a las autoridades del aeroportuarias que los daños en el tren de aterrizaje no eran importantísimos y que todavía mantenía perfectamente seis de las diez ruedas de dos de los tres puntos de contacto y que solo el tren izquierdo trasero resultó dañado. El vuelo AC837 sobrevoló desde las 15.00 horas las inmediaciones de Madrid, tras haber pasado a menos de 850 metros de altura zonas de los barrios de Tetuán, El Pilar o Chamberí, provocando un fuerte estruendo y el pánico entre algunos vecinos que pensaban que el avión se estaba precipitando al suelo.

















«Tenemos los tanques llenos»
El aparato abortó su viaje al poco de despegar de la pista 36L del aeródromo madrileño a las 14.33 horas. «Vamos a aterrizar en el aeropuerto de Barajas en Madrid, pero como les hemos explicado tenemos los tanques llenos de combustible así que vamos a continuar circulando por el aire hasta poder gastar un poco de ese combustible para estar más ligeritos en el momento del aterrizaje», fue el mensaje del comandante al pasaje al poco de producirse la incidencia.


Fue entonces cuando la aeronave comenzó a dar vueltas en círculo a 2.300 metros de altura y a 520 Km/ al sureste de la capital para soltar en una zona deshabitada en las cercanías de la localidad de Tarancón (Cuenca) todo el combustible posible. El aparato consiguió consumir o arrojar cerca de 70 toneladas de queroseno sobre los campos de la Comunidad de Madrid y la provincia de Cuenca. El aterrizaje fue supervisado por al menos seis dotaciones de bomberos de la Comunidad de Madrid y otras tantas del Ayuntamiento de la capital, además de personal sanitario del servicio municipal y regional de urgencias. Afortunadamente, los servicios de emergencia solo han tenido que emplearse para tranquilizar al pasaje.