Noticias morbosas

José A. Ponte Far VIÉNDOLAS PASAR

FERROL

09 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay una tendencia malsana en los informativos de televisión, sea cual sea la cadena que los emita. Una inclinación enfermiza a informar de actos violentos, desgracias y asuntos desagradables que ocurren en la calle, pero que, dada la difusión que le dan, parecen ser de lo más natural. Lo macabro, lo escabroso y lo violento ya sabemos que tienen mucho éxito entre el gran público, pero la televisión no puede estar para satisfacer, y aun aumentar, esa tendencia morbosa. En este sentido, debieran aprender de la reciente y decidida intervención de un policía alemán delante de unos conductores que, al encontrarse en la carretera con un accidente de circulación, bajaron de sus coches y se pusieron a grabar los cadáveres que yacían en las cunetas. Les recriminó con dureza su frivolidad y desconsideración con la intimidad de las víctimas, además de ponerles la multa correspondiente por pararse sin motivo en la vía pública.

Con esto de que se puede fotografiar o filmar cualquier escena desagradable con la que podamos encontrarnos, las cadenas de televisión tienen asegurados unos fotoperiodistas improvisados en cualquier lugar y a cualquier hora. En muchos casos, el que filma lo hace sabiendo que va a tener su minuto de gloria, y a lo mejor también unos euros de propina, cuando envíe el vídeo a una de esas cadenas ávidas de noticias y de imágenes que impresionan a la audiencia. Imágenes que se nos atragantarán después a los espectadores normales mientras comemos o descansamos viendo el telediario. Así, se nos sirven peleas de jóvenes a altas horas de la madrugada, delante de la discoteca adonde habían ido a pasarlo bien, se supone. A veces, el locutor avisa de que las imágenes que nos van a ofrecer a continuación son «muy duras y pueden herir nuestra sensibilidad». Pues no las ponga, mire qué fácil lo tiene. Pero no, hay que ver cómo un desalmado le da una patada mortífera en la cabeza a otro chico que está aturdido en el suelo. O la escalofriante escena en que se vio a un hombre apuñalando a otro que tenía debajo, mientras un imbécil graba la escena sin hacer nada por impedir que el navajero siga acuchillando a la víctima. Esto no se puede dar como un espectáculo. Es un agravio a la dignidad del ser humano, tanto por la barbarie que muestran unos individuos que de humanos no tienen nada, como por comprobar la cobardía de los que miran o graban sin atreverse a intervenir para tratar de evitar la muerte de una persona. Desgraciadamente, ya tenemos que enterarnos de las guerras, bombardeos, accidentes de coches, trenes y aviones, para que nos regalen gratuitamente estas escenas morbosas. Por cuestiones así, uno envidia aquella desconexión que había antiguamente entre el ciudadano y los hechos que ocurrían a su alrededor. Los romanos, por ejemplo, se enteraron de la guerra de las Galias mucho después, y gracias a lo que sobre ella escribió su principal protagonista, Julio César. En París, en el siglo XVI, hubo una gran matanza (la de los Hugonotes, 1572), de la que los habitantes de otros barrios de la ciudad ni se enteraron. Preferible esto a la puntillosidad con que hoy nos ofrecen asuntos mayores y menores, totalmente prescindibles, como esas peleas entre pandilleros ociosos y homicidas en potencia. Que no; que nos ahorren esa barbarie gratuita: ya la vida diaria tiene sus achaques y disgustos para que venga la televisión a mostrarnos, sin venir a cuento, la parte infrahumana de nuestra sociedad.