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Una exposición repasa los 50 años de viñetas del dibujante y creador de Mortadelo y Filemón, que reflejó de forma pionera la «chapuza nacional»
22 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.El tebeo, ahora llamado cómic, es un arte y desde hace décadas se exhibe en los museos. De Francisco Ibáñez, el creador de Mortadelo y Filemón, nadie discute que es un genio y que ha hecho reír a generaciones de españoles. El Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge ahora una exposición en homenaje a este maestro del humor, que ya tiene 78 años y empieza a estar cansado. El director de la entidad, Juan Barja, considera que Ibáñez es algo más que un pintamonas.
Vistas hoy, las ocurrencias del soberbio historietista son más actuales que nunca y tienen una enorme lectura política. Basta echar un vistazo a las aventuras de Pepe Gotera y Otilio para comprobar que Ibáñez se anticipó en 48 años al advertir que España era la quintaesencia de la «chapuza nacional». La exposición Francisco Ibáñez. El mago del humor recrea 50 años de chistes descacharrantes. Es el tributo que la cultura rinde a ese hombre que dejó un cómodo puesto en el Banco Español de Crédito (donde empezó como botones y llegó a ser todo un ayudante de cartera) para adentrarse en la carrera de dibujante, lo que provocó un disgusto en su familia.
En la exhibición se pueden ver piezas únicas de un creador que era una auténtica máquina de producción masiva de chanzas. En su carrera pudo haber dibujado entre 40.000 y 70.000 páginas, un abundante trabajo que no se libró de viñetas apócrifas. «Como Ibáñez solo tenía dos manos, y la editorial Bruguera se quedaba con los personajes», el sello encargó a terceros que exprimieran la ubre de aquel filón, según recuerda Antonio Guiral, comisario de la exposición. Y surgieron historietas apócrifas, que hoy serían una usurpación de derechos de autor. Muchas de ellas fueron retiradas, pero, paradojas, esos dibujos ahora son codiciadas piezas de coleccionista. Mortadelo y Filemón, Sacarino o Rompetechos «son sorprendentemente modernos», insiste Barja.
La exposición recoge también el papel de la censura, que actuó contra los atentados a la autoridad del padre en La familia Trapisonda.