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La banda madrileña llega el próximo fin de semana en su mejor momento de forma para ser, con el permiso de Rosalía, el plato fuerte nacional de la segunda edición de O Son do Camiño
08 jun 2019 . Actualizado a las 00:11 h.Puede que buena parte de la fortaleza que posibilita que Vetusta Morla mantenga no solo el tipo sino su cohesión, sus ideales y su coherencia radique en aquellos 10 años vividos en el anonimato absoluto. En aquella década, entre el 98 y el 2008, que pasaron siendo uno más de los infinitos grupos que poblaban el por entonces prolífico circuito madrileño. Es posible que sin aquellos diez años previos Vetusta Morla no hubiese conseguido sobrevivir a todo lo que les sobrevino después. O no, por lo menos, con esa capacidad de interiorizar el éxito masivo sin descomponer unos principios que han demostrado después.
Ningún grupo surgido de la independencia ha logrado los hitos alcanzados por la banda de Tres Cantos. El próximo fin de semana, con el permiso de Rosalía, serán el plato fuerte nacional del O Son do Camiño. Para su vocalista, Pucho, los festivales son «la auténtica fiesta de la música».
-Pues cada vez surgen más voces que critican que en ellos la música parece ya lo de menos.
-Es cierto que a veces se le meten tal cantidad de accesorios que pierden su esencia. Sobre todo por el tema de activación de marcas, que suelen ser excesivamente invasivas. Hay festivales por Europa libres de marcas y se nota bastante, cambia mucho la dinámica del festival.
-¿Te puedes permitir disfrutar como espectador de los festivales a los que vas?
-Lo intento. No me gusta eso de llego, hago mi concierto y me voy. Pero también es cierto que para nosotros es muy complicado salir entre el público y disfrutar de un concierto. Sería interesante que los festivales propiciasen más el encuentro y el diálogo entre las bandas en el backstage.
-En noviembre del 2017, recién publicado «Mismo sitio, distinto lugar», decías en Fugas que era «el principio de algo, pero no sé de qué». ¿Ya lo tienes más claro?
-A nivel de banda, hemos vuelto a los orígenes en muchas cosas. No es algo tangible, pero existe ese espíritu de volver al inicio. Llevamos mucha tralla y creo que es gracias a eso que mantenemos la intensidad y las buenas vibraciones.
-Vuestro sello se llama Pequeños Saltos Mortales, pero ¿cuál ha sido el gran salto mortal en la trayectoria de Vetusta Morla?
-El concierto del año pasado en La Caja Mágica de Madrid fue un gran salto mortal. No teníamos ni idea de qué podía pasar.
-¿En qué medida vuestro mánager, Kin Martínez, ha determinado lo que hoy es Vetusta Morla?
-La figura de Kin es fundamental en nuestra historia. El binomio ha funcionado muy bien desde el principio. Kin no es un mánager al uso. Su estrategia siempre es buscar que ganemos todas las partes sin quemar al grupo. Hay muchas cosas que hacen que Kin sea el mánager más maravilloso del mundo.
-¿Qué queda en el Pucho actual de aquel chaval que cantaba en la Casa de la Juventud de Tres Cantos?
-Queda la ilusión y la energía. Creo que eso no lo he perdido. Al contrario. A veces me sorprendo de la energía que tengo y te juro que no sé de dónde la saco.
-Sostengo que eres el frontman que mejor baila del rock español. ¿De dónde nace esa forma tan peculiar y expresiva de bailar que tienes?
-[Se ríe] Muchas gracias. Nace de hacerlo, sin más. De no ponerme cortapisas. Bailo de un modo muy primario. No entreno ni hago posturitas delante del espejo como Mick Jagger. Toda mi expresividad corporal en el escenario sale de una manera espontánea. Además es una manera muy entretenida de no aburrirme y de no ofrecer lo mismo siempre.
-¿Qué sueño personal has podido cumplir gracias al éxito de Vetusta?
-¡Hostiá! No te podría decir. Es que nunca he sido muy mitómano. Mi mayor sueño era vivir de esto.
-Entonces, ¿tampoco te quedará ninguno por conseguir?
-No, la verdad es que no [se ríe]. Bueno, me molaría tocar en alguna sala mítica, tipo el Carnegie Hall de Nueva York.
-Pues precisamente este otoño haréis todo lo contrario, una gira por EE. UU., pero en salas de pequeño formato. ¿Cómo te vas a sentir volviendo a verle de cerca los ojos al público?
-Seguro que bien, es un formato que nunca hemos abandonado del todo. Lo malo es que va a ser una paliza porque son muchos conciertos en muy pocos días.
-¿Cuál es el objetivo de esa gira?
-Sembrar, sembrar. Abrir camino. A ver si para la próxima podemos ir a otro tipo de salas. EE.UU. es uno de mayores consumidores de música del mundo, así que vamos a intentar asomar la patita por lo menos.
-Buena parte de vuestro reconocimiento se lo debéis a Latinoamérica. La semana pasada publicasteis el vídeo de un tema junto a Jenny & The Mexicats. ¿Qué está pasando al otro lado del charco?
-De todo. Allí no dejan de pasar cosas. En los últimos años la escena rock ha perdido un poco de fuerza. Y lo que ha subido mucho es la música de raíz actualizada y, por supuesto, la música urbana. Latinoamérica es joven y está en pleno proceso de descubrimiento, en plena efervescencia. Me recuerda a la España de aquellos primeros festivales.
-Hace un año publicasteis un vídeo con una versión de «El puente de los franceses» grabado delante del «Guernica» de Picasso. ¿Por qué escogisteis esa mítica canción guerrillera?
-Tristemente somos un país que ha interiorizado el olvido. El tema de la desmemoria nos viene de lejos. Aceptamos una transición basada en pactos de silencio. Así que aún tenemos por delante un gran trabajo para sanear esa memoria. Por respeto a las víctimas y para procurar un futuro mejor a quienes nos sobrevivan. Hay que contarlo y cantarlo para que no se repitan ciertos episodios negros de nuestra historia.
-Realmente, ¿hay tanto idiota ahí fuera?
-A veces lo pienso, sí. Más que idiotas, creo que estamos metidos en una vorágine en la que cualquier tipo de reflexión o análisis es muy fútil. Falta profundidad. Y eso nos lleva a perder de vista los objetivos y qué es lo realmente importante. Por desgracia es el espíritu de estos tiempos.
-¿Qué ves cuando miras al horizonte?
-Muchos conciertos [ríe]. Me gustaría ver un lugar de descanso, pero solo veo conciertos. Aun así, me parece que es un horizonte muy positivo.