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Bad Bunny y su doblete del 2020

C. Pereiro

FUGAS

El músico puertorriqueño, elevado ya como la gran figura de su generación, acaba de publicar uno de los discos más esperados, pero se queda a las puertas de la revolución anunciada

11 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Suena extraño que un artista perteneciente al mainstream pueda sacar dos álbumes en un año. Y así ha sido en el año de la pandemia del coronavirus, lo que aún aporta otro elemento más de irrealidad al asunto. A Bad Bunny no le importa el funcionamiento habitual de la industria, ni la casuística general, ni el contexto global. O quizás sí, y puede que por eso su éxito, a estas alturas de la vida, no pueda ser visto como fruto de la casualidad o del mero talento, pues Benito Antonio Martínez Ocasio sabe muy bien dónde juega, cómo juega y las cartas que hay repartidas en el resto de la mesa.

Bad Bunny es el referente más llamativo y evidente de ese cajón de sastre llamado música urbana. Un conglomerado de géneros que en el habla popular se suele mover entre el rap, el reguetón, el trap, o cualquier otro movimiento musical de las últimas dos décadas. Siguiendo la cronología del puertorriqueño, hoy estrella latina de la canción, este proclama su revolución particular en el 2018 con dos álbumes desbordantes X100pre y Oasis. El éxito ocurre y dos años después aparece YHLQMDLG (acrónimo de Yo Hago Lo Que Me Da La Gana) y todo parece indicar que nada será lo mismo ni para él, ni para el mainstream musical, que mira atento a esa gallina de los huevos de oro que es Bad Bunny, donde siguiendo el propio título del disco, demuestra ser el nuevo y flamante adalid del reguetón, capaz no solo de gustar a los nuevos y jóvenes oyentes, sino de convencer y poner a bailar a los que renegaron del mismo durante años.

el último tour del mundo

Después del lanzamiento de YHLQMDLG, a Bad Bunny le esperaba una gira de indudable éxito por todo el mundo. El coronavirus no lo permite. Los planes cambian y el puertorriqueño decide durante el parón mundial entrar de nuevo en el estudio y salir de él con un disco nuevo. Dicho y hecho.

El último tour del mundo, de nombre no profético, pero si de rabiosa actualidad, se presenta con un tono más melancólico, que parece buscar más convencer a todos aquellos profanos que duden de su eclecticismo, que la idea pura del baile y el ocio.

Así, de aquel trap y aquel reguetón que promulgó, Benito conserva la rítmica básica y acotada, pero abraza y magrea con el pop moderno, con el romanticismo juvenil. Echa al lazo a la idea de presentarse como ese punto de unión entre la música latina y todos los géneros que uno se pueda permitir. Sus letras, simples y directas, vuelven a recaer en el amor nocturno, las escapadas alcohólicas y el arrepentimiento mañanero.

Más allá del exceso de testosterona habitual en el reguetón, Bad Bunny ha sabido moverse en otra masculinidad diferente, patente en su generación, que habita más en la nostalgia y la imposibilidad, casi una visión barroca en lo pasional, que en esa cultura del aquí te pillo y aquí te mato.

Por desgracia, El último tour del mundo no es todo lo que se prometió de él. No hay en él una verdadera llamada a las armas musicales. La colaboración con Rosalía, anunciada a bombo y platillo, no pasa de la anécdota. Sobre si será su último disco y que luego retirada indefinida, tampoco ofrece pistas reales. Es solo un disco que lo reventará en cifras y escuchas. Pero eso ya se sabía.