El rescate del abuelo de Rajoy

A. Castroverde PONTEVEDRA

GALICIA

RAMÓN LEIRO

Un libro presentado ayer en Pontevedra recupera para la historia la contribución de Enrique Rajoy Leloup, en estrecha colaboración con Bóveda y Tafall, al logro del Estatuto de 1936

16 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ACTO EN PONTEVEDRA. Rajoy, entre Louzán y Cores (autor del libro), en la presentación de la biografía, ayer. Tal vez por algún avatar histórico, hasta ahora sólo era ampliamente conocida la contribución de relevantes personajes, como Alexandre Bóveda o Bibiano Fernández Osorio Tafall, a la génesis y la aprobación del Estatuto de Autonomía de 1936. Un libro de Baldomero Cores rescata desde ayer para la historia de Galicia la destacada aportación de Enrique Rajoy Leloup, abuelo del actual presidente nacional del PP, Mariano Rajoy. Destacado jurista y convencido autonomista, Rajoy Leloup supo exprimir al máximo su puesto de concejal independiente en el Ayuntamiento de Santiago para conducir a Galicia hacia la aprobación del Estatuto, apoyado por alcaldes como López Pol y Ángel Casal. Si algunos de los protagonistas políticos de aquella etapa pagaron con la vida la gesta estatutaria, Rajoy Leloup también sufrió la represión, y fue privado de su puesto de profesor en la facultad de Derecho y relevado como decano del Colegio de Abogados. Reputado administrativista y civilista, debió ganarse la vida ejerciendo la abogacía, eso sí, en el campo del derecho privado. Independiente de raíz foralista, católico y no afiliado a ningún partido (sólo se apuntó al sindicato agrario de Conxo cuando trabajó en este antiguo concello), Rajoy Leloup fue también un reformista en línea con la tradición que representaron Montero Ríos y García Prieto. En su apuesta autonomista no le faltó tampoco el apoyo de personajes como Portela Valladares o el propio Castelao. Promotor de la asamblea de municipios de 1932, secretario de la comisión redactora del Estatuto, secretario del Comité Central de Autonomía, Rajoy Leloup fue un protagonista de primera fila en la confección del texto que quedó varado en las procelosas aguas políticas de 1933. También contribuyó a reflotarlo en 1936, al referéndum y a su entrega en Madrid a Martínez Barrio y a Azaña. Era un 17 de julio de 1936 y, tras la vuelta a Galicia, ya nada sería igual. La presentación del libro, calificado ayer en Pontevedra como un acto de «xustiza histórica», sirvió para reunir a toda la familia de Rajoy Leloup, sus hijos Mariano Rajoy Sobredo y Pilar Rajoy Sobredo, su nuera Fifi Feijoo y sus nietos Mercedes, Luis, Enrique, Agustín, María Dolores y Enrique. Mariano Rajoy dijo que su abuelo, si viese la Galicia de hoy, estaría orgulloso de su autonomía y pensaría «que todo lo que hizo merecía la pena». El líder del Partido Popular apuntó, en relación con la Ley de Memoria Histórica, que su abuelo apostaría más «por mirar al futuro y disfrutar de ver una Galicia autonómica en una España unida y plural», y que diría «no estropeéis los logros de la transición: la reconciliación entre todos y el modelo autonómico», refirió el político. Mariano Rajoy dejó asimismo una perla para la historia: el debate sobre la capitalidad que mantuvo Rajoy Leloup con Iglesias Corral en 1932 se reprodujo en Xelmírez casi cincuenta años después. «Rajoy era otro Rajoy, un Rajoy menor en todo que el primero; Iglesias Corral era el mismo».