Irak, la huida hacia adelante de Bush

David Beriain REDACCIÓN

INTERNACIONAL

Los militares de EE. UU. advierten de que no están listos para una ofensiva inmediata

03 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La primera vez que George W. Bush instó a un cambio de régimen en Irak fue durante la campaña presidencial de 2000. El 11-S sólo espoleó la voluntad del tejano de acabar con Sadam Husein. Ahora, tras los escasos éxitos conseguidos en Afganistán, Irak se plantea como una apetitosa huida hacia adelante. Las ganas que Bush le tiene a Bagdad parece que, sin embargo, tendrán que esperar al menos unos meses. A las ya conocidas luchas internas entre facciones del Gobierno y al deseo del Congreso de participar en el debate, se unen las dudas de los militares. Problemas logísticos El Ejército del Aire duda que pueda contar con las bases de los países vecinos de Irak y eso inhabilitaría parte de sus aeronaves. El resto, las que sí cuentan con la autonomía necesaria, podrían sufrir un sobreesfuerzo en caso de guerra. Washington debería igualmente reponer su arsenal de bombas inteligentes, prácticamente agotado tras la campaña afgana (el 87% de las 12.000 lanzadas durante los bombardeos estaban guiadas por láser o por satélite). La Marina, por su parte, insiste en que para el tipo de guerra que se prevé son necesarios todos sus portaaviones, lo que supondría dejar los oceános sin vigilancia. Pero es el Ejército de Tierra el que presenta más problemas. Sus mejores hombres, los que mejor conocen el terreno y la lengua, se encuentran desplegados en Afganistán y en misiones sin fecha de caducidad por todo el mundo. Ayer mismo, The New York Times se hacía eco del deseo de varios altos cargos del Pentágono de que las unidades de élite queden liberadas de la caza a Bin Laden. Una misión que, por otra parte, no está ofreciendo resultados. Además, Washington tiene comprometidos en Afganistán sus más avanzados ingenios de guerra: aviones no tripulados y satélites espía. Ya durante la guerra en el país de los talibanes, el Pentágono tuvo que recurrir a satélites civiles, mucho más inseguros que los militares, porque éstos últimos no daban abasto con las comunicaciones. ¿Planes o globos sonda? La filtración repetida de planes concretos de guerra en las últimas fechas (parte de ellos se reproducen en el gráfico) trae de cabeza a la Administración. No porque vayan a adelantar a Sadam algo que no sepa -el plan definitivo acabará siendo, dicen los expertos, bastante diferente-, sino porque es fruto de la guerra entre las dos facciones del Gobierno estadounidense. Los halcones exhiben sus planes de guerra relámpago, con la que pretenden descabezar Bagdad y evitar el uso de las armas químicas o biológicas cortando la cadena de mando. Lo hacen para mostrar que la acción es posible, rápida e incluso puede que inmediata. Las palomas , lideradas por Colin Powell, intentan parar la guerra y advierten de que si ésta se produce será necesaria una invasión masiva, y un despligue humano igual al de la guerra del Golfo. Powell y los que han repasado la historia militar reciente en las academias no quieren medias tintas como en Vietnam. En medio queda la opción de utilizar a la oposición iraquí. Pero esta resulta estar tan o más dividida que la afgana y es una incógnita total para el Irak pos-Sadam.