La venganza de Vladimir Putin contra Ucrania y los aliados no se saciará solo con el derrocamiento del Gobierno de Volodimir Zelenski. El presidente ruso quiere una capitulación total para convertir al país más prooccidental de la exURSS en una versión moderna de un estado satélite soviético. Les ha dejado claro que su elección no es entre Rusia y la OTAN, sino entre Rusia y la destrucción. Va a ser difícil para los ucranianos tener una salida digna. El sentimiento que prima es que han sido utilizados por los aliados y ahora abandonados.
Mientras, el miedo recorre las capitales europeas ante la vorágine del jefe del Kremlin. Nadie sabe si se conformará con humillar a EE.UU. y los aliados o tiene más sed de sangre. Hasta dónde llegará es la pregunta del millón.