
Un trabajo de la historiadora Manuela Sáez resalta el papel de Pedro Fernández de CastRo en este terreno
26 dic 2019 . Actualizado a las 19:18 h.La exposición histórica Galicia, un relato no mundo, que podrá verse hasta el 26 de abril en la Cidade da Cultura de Santiago, comprende varias piezas artísticas cedidas por el Museo de Arte Sacro y la pinacoteca del Colegio de la Compañía de Monforte. Pero la muestra también contribuye de otra forma a divulgar el patrimonio histórico local. En el catálogo de la exposición se ha incluido un trabajo de la historiadora monfortina Manuela Sáez sobre el papel como coleccionista del séptimo conde de Lemos, Pedro Fernández de Castro, en el que reúne datos recogidos por ella durante años.
Sáez señala que los historiadores del coleccionismo artístico conocían mal la labor desarrollada en este terreno por el conde de Lemos. Sin embargo -añade-, los documentos estudiados por ella durante dos décadas sitúan a Pedro Fernández de Castro como una de las principales figuras europeas de su tiempo en este campo.
Más de 400 compradores
La historiadora apunta a este respecto que una almoneda o subasta de los bienes del conde que se llevó a cabo en Madrid tras su fallecimiento, en octubre de 1622, reunió a más de cuatrocientos compradores de múltiples procedencias. Entre ellos hubo miembros de la realeza y la nobleza, destacados personajes eclesiásticos, funcionarios y profesionales liberales. También se contaron entre estos compradores -señala Sáez- los integrantes del séquito de Carlos Estuardo, príncipe de Gales, que se encontraba por entonces de visita en Madrid.
El inventario de los bienes legados por el conde, indica asimismo Manuela Sáez, comprendía pinturas, esculturas, piezas textiles y de platería, relicarios, cruces, muebles, relojes, armas y útiles de caballería y cocheras, entre otros elementos. En la colección artística del conde había numerosas obras originales y copias de los maestros de la pintura italiana, como Tintoretto, Rafael, Tiziano, Garofalo, Parmigianino, Jacopo Zucchi, Federico Barocci y Giovanni Battista Castello, así como del alemán Segismundo Laire. El legado de Pedro Fernández de Castro, de acuerdo con las investigaciones de Sáez, incluía asimismo cerca de un millar de piezas de platería y 136 tapices que ocupaban en conjunto una superficie de en torno a 4.600 metros cuadrados.
Los bienes del conde que se encontraban en Madrid, dice Sáez, «fueron inventariados, tasados por los más destacados especialistas y vendidos para pagar parte de sus deudas». Estas piezas artísticas y otros objetos de la colección se dispersaron entonces por muchos lugares. En cambio, no se pusieron a la venta los que se conservaban en Galicia, que por expreso deseo del conde se destinaron al convento monfortino de Santa Clara, fundado por él y por su esposa Catalina de la Cerda. Por otra parte, la condesa apartó de la colección numerosas piezas con el fin de llevarlas a Monforte. Una de ellas es la arqueta de cristal de roca que puede verse hoy en el Museo de Arte Sacro del convento de las clarisas.
El trabajo de Manuela Sáez señala por otro lado que el séptimo conde poseyó también una importante biblioteca cuyo contenido se desconoce. Se sabe, sin embargo, que esta colección de libros fue catalogada en su momento por el escritor y clérigo Pedro Mantuano. En ella figuraba toda la biblioteca personal del obispo Diego de Arze, que se la legó íntegramente en un testamento redactado en 1616.