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Alegra el día escuchar al presidente Sánchez decir que no abordará subidas fiscales hasta que no se consolide la recuperación. Es verdad que el Gobierno ha lanzado más de un mensaje sensato en términos económicos, pero resulta igualmente cierto que la mayoría de ellos provenían de Nadia Calviño. Es posible que esto empiece a cambiar y que Sánchez, por fin, decida mojarse y asumir un protagonismo que, hasta hace dos días, delegaba en su ministra de Economía. Obviamente, este nuevo papel le separa de Podemos y ERC, pero le acerca a Ciudadanos y a la ortodoxia europea. Algunos dirán que ya hay orillas donde elegir, y antes no. Bueno, lo que hay, y con el tiempo los iremos conociendo, son compromisos con el cambio.
Uno de ellos lo dejó muy claro este martes Kristalina Georgieva, la gerente del FMI, cuando afirmó que España tiene pendientes reformas estructurales, como el mercado laboral y el ajuste fiscal. Según el organismo, hay que impulsar la flexibilidad laboral continua, reformas que deben atajar la dualidad del mercado de trabajo, afirmaba Georgieva. En este sentido, es bueno recordar que España cada vez que se resfría envía al paro a un número excesivo de trabajadores eventuales y a una parte relevante de los fijos con escasa antigüedad. Esto es grave, y mucho más si tenemos en cuenta que somos la nación europea con mayor tasa de temporalidad. De ahí que las crisis, en España, tengan una mayor fractura social y económica ¿Qué ocurre? El coste del despido es de los más alto de Europa. Aunque algunos intentan vincular nuestra temporalidad con la importancia de la industria turística, lo cierto es que la literatura económica ha demostrado que este mal, desde luego, lo padece el sector del turismo, pero también lo sufren el resto de las actividades. Lo que está claro es que esta visión de nuestro mercado laboral, tantas veces descrita por el Banco de España, el Fondo Monetario Internacional o la OCDE, no se le escapa a Calviño, quién también ve, en la agenda futura de reformas, la laboral y la tributaria.
En todo caso, hasta el 2023 no empezarán, a juicio del presidente Sánchez, las reformas estructurales. ¿Y mientras tanto qué?, preguntarán muchos. El Banco de España indica que para bastantes empresarios será una tarea más que compleja. Las necesidades de liquidez se cifran, de abril a diciembre, en cerca de un cuarto de billón de euros. En su opinión, el 61 % de las empresas, las cuales generan el 66 % de los puestos de trabajo, no tendrán ingresos para asumir sus gastos. Es decir, o vivirán del ahorro o vivirán del crédito o no vivirán. Las pymes, durante el primer trimestre, tiraron esencialmente del crédito bancario, el 83 %, cuantía algo inferior en las grandes empresas, 69 % ¿Y las que no accedieron al crédito,? Pronto podremos encontrar alguna breve reseña sobre mortalidad empresarial. Ya se sabe, en este país, si una empresa muere más que una desgracia es un merecido castigo de Dios. A mayores, Sánchez, esta semana, en este nuevo papel, más sosegado y menos efectista ha anunciado algo más, un Plan de Vivienda, centrado en la transición ecológica, la construcción sostenible y el incremento de viviendas sociales. No puedo estar más de acuerdo. Desde luego, a nuestros presidentes, los rescates les sientan francamente bien.