Designado por el editor como una novela, Soldados de Salamanina , de Javier Cercas, mezcla géneros, pasa del pasado al presente, de la realidad a la ficción y del realismo a la ambigüedad. ¿Se trata de un relato histórico, como el autor declara al principio del libro, de una novela de no-ficción, al estilo de Truman Capote; de un ensayo o reportaje novelados? Estamos, en cualquier caso, ante la investigación casi policíaca de un suceso real y del análisis de la creación novelesca. El hecho incuestionable concierne a Rafael Sánchez Mazas, ideólogo de la Falange, fundador (junto a José Antonio Primo de Rivera) del partido homónimo y padre del gran novelista Rafael Sánchez Ferlosio, quien de hecho se halla en el origen de esta investigación. Que es la siguiente: a un periodista (a la vez autor de la novela) le piden un artículo sobre la muerte del poeta republicano Antonio Machado, acaecida en Colliure en 1939. Javier Cercas observa que por las mismas fechas, y del lado español de la frontera, se produce un hecho tal vez compensatorio: Rafael Sánchez Mazas, uno de los responsables de la tragedia española, y por consiguiente de la muerte del poeta, iba a ser fusilado en Cataluña por las tropas republicanas que huían a Francia. El condenado logra esconderse en un bosque, donde un soldado republicano lo encuentra ovillado entre el follaje. «Aquí no hay nadie», contesta el soldado a su comandante, al tiempo que mira profundamente al fugitivo y le permite evadirse. Analizando los acontecimientos, Javier Cercas piensa que ese miliciano podría aportarle algunas claves del enigma de la guerra civil, la problemática del héroe, así como la de sus dos identidades: la personal y la nacional. Se lanza a la búsqueda de ese soldado misterioso que a sus ojos representa la imagen de la absoluta nobleza. Al cabo da con él en una residencia de ancianos de Dijon, en Francia. Las últimas páginas de la novela, absolutamente magníficas, reproducen la última conversación entre el autor y su personaje: el anciano se niega a asumir él solo toda la grandeza de sus compañeros anónimos y fallecidos ( «los verdaderos héroes murieron y los actos valerosos no se cuentan») y despliega sus propios recuerdos de guerra, profundamente dolorosos y bien alejados de la historia oficial. Pero sus últimas palabras se desvanecen y para siempre quedará irresuelto el enigma de su vida. Escrito de forma cautivante y eficaz, con pinceladas de humor irresistible, Soldados de Salamina parece estar escrito ante nuestros ojos y se lee con fruición. Termina con un grandioso homenaje de los hijos a los padres y constituye una magnífica lección de generosidad.