LA PECULIAR OROGRAFÍA

JUAN J. MORALEJO ÁLVAREZ

OPINIÓN

08 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Los que lleguen a utilizar el AVE en Galicia ya saben que no se les despendolará; el vicio de los 250 o 300 kilómetros/hora queda para otros territorios menos dejados de la mano de Dios. Aquí el AVE tendrá que refrenar sus prisas porque, según Cascos, padecemos lo que técnicamente se conoce como una peculiar orografía y porque trazados y velocidades han de respetar tales y cuales situaciones de hecho en cómo está habitado el territorio. Orografía es un palabra polisémica, ambigua para el oyente que no esté al loro de qué habas se cuecen. Hay una orografía que procede del griego y la cosa está chupada en saber que se compone de oro (montaña) y grafía (descripción). La orografía estudia y nombra el relieve, que puede ser un obstáculo más o menos grave a las comunicaciones. Pero hay otra orografía que procede del celta y, por tanto, ya no está tan chupada la cosa en saber que se compone de oro (¡tararí!) y de grafía (que te vi). En esta segunda orografía (¡tararí, que te vi!) se incluyen las opiniones de que en Galicia el relieve sea obstáculo grave al trazado de un AVE que pueda desarrollar a tope su velocidad. Son opiniones ligeras de Cascos. Excepción hecha del borde Ancares-Courel-Trevinca, todo el relieve gallego es de alturas, formas y pendientes que no son obstáculo serio a la voluntad real de rascarse el bolsillo y el presupuesto. Para el acceso a Galicia la pejiguera montañosa está rota por un valle del Sil, que parece hecho de encargo y por él y el Miño abajo, en apenas 500 metros de desnivel desde Ponferrada, te pones en Ourense y Vigo sin tener que hacer un sólo rebiricho. Subir del Sil a Lugo y bajar a Coruña no supone ni 300 metros de desnivel. Los ejes Ferrol-Coruña-Santiago-Vigo-Oporto, o Santiago-Lugo y Santiago-Ourense, no están en las antologías de lo empinado ni en los manuales de montañismo. El único punto negro de la orografía gallega, ¡y que no los veamos enfouzados otra vez en él con el AVE!, es Pedrafita, que ya nos pasó factura gorda con la autovía, que se empeñó en trepar a donde no debiera. En definitiva, la orografía gallega entendida a lo griego, la que significa montañas, es de muy poca entidad para impedir que la ingeniería actual se luzca con un AVE de sete estalos . Pero cuando no hay mayores prisas ni compromisos para rascarse el bolsillo y el presupuesto, es cuando entra en juego la orografía entendida a lo celta, el ¡tararí que te vi! con que tenemos que saludar una vez más el crónico y terco aviso de que somos de segunda. En cuanto a que haya que respetar ciertas formas de cómo los gallegos ocupamos (depredamos o parasitamos) nuestro territorio, felicito a Álvarez Cascos si consigue un AVE que, cuanto más lento mejor, sea el premio que se merece toda la galleguidad terca en edificar (y dejar edificar) dónde y como le peta -¡a ser posible en la cuneta!-, sin la menor atención a criterios de comunidad, pero muy aguda en creerse con derecho a todos los servicios públicos, y buenos, al precio que sea.