hablar.bien@lavoz.es EL POCO USO de algunos exónimos (las versiones españolas de topónimos extranjeros) los pone en peligro de desaparición. Lugares que, aunque lejanos, antaño estuvieron muy presentes para los españoles, hoy vuelven a través de noticias originalmente escritas en otros idiomas, y en la traducción no recuperan su forma tradicional hispana. Unas veces es por ignorancia, y otras, por renuncia: Lille no se menciona como Lila; Maastricht ha dejado de ser Mastrique; Brindis se cita por su nombre italiano, Brindisi, como Liorna por Livorno; Henao sólo es Hainaut; Balduque se designa por el francés Bois-le-Duc o el neerlandés Den Bosch. La ciudad palestina de Naplusa, la antigua Flavia Neapolis (también Nápoles era Neapolis, 'ciudad nueva') es designada frecuentemente por su nombre inglés, Nablus, que algún periódico españoliza con una tilde, Nablús. Hasta la casa más docta tiene lo que parece un despiste y da a un pequeño país del Pacífico el mismo nombre que la ONU emplea tanto en inglés como en español, Palau, aunque con un acento gráfico, Paláu, pasando por alto que a la isla en cuestión la llamamos Palaos mientras fue posesión española, hasta que en 1899 se la vendimos a Alemania. El caso más reciente es el de la ciudad turca de Trabzon, donde el 26 de mayo se produjo el accidente de aviación en el que murieron 62 militares españoles. En esta ocasión, los medios reaccionaron con agilidad, y tras el uso inicial del topónimo turco se recuperó el que siempre se usó en español, Trebisonda, nombre que ya se daba a la capital del imperio griego homónimo (1204-1461), más tarde convertido en provincia del Imperio otomano. Otra forma del exónimo es Trapisonda, origen del sustantivo español trapisonda , de uso coloquial, que significa 'embrollo' y 'bulla o riña con voces o acciones'. Como la que se ha montado en España tras la catástrofe aérea.