SE LLAMA Ander Izagirre, pero yo le llamaba Txirrindu , porque era un ciclista (txirrindulari, en vasco) que se hacía ochenta kilómetros por la mañana y sacaba sobresalientes y matrículas de honor por la tarde. Los domingos ganaba carreras, hasta que le pasaron a profesionales. Entonces lo dejó. En cuarto, la asignatura se denominaba Periodismo Literario, y yo insistía mucho en que antes que «literario» debía ser «periodismo», debía contar la verdad. Les hacía escribir piezas cortas y reportajes. Los corregía, y proyectaba en clase aquellos que me parecían mejores, porque estoy persuadido de que a escribir se aprende por envidia: cuando un chaval o una chavala se dicen con rabia «esto debería haberlo escrito yo», ya está la mitad del trabajo hecho. Un día proyecté un reportaje de Ander sobre una etapa mítica del Tour que ganó el luxemburgués Charly Gaul. Era espléndido, pero un tramo parecía irreal. Le pregunté de dónde había sacado ciertos datos. «Algo de documentación, dijo, y algo de periodismo literario». Nos reímos todos con la salida. Hoy me llegó su libro sobre el Tour, Plomo en los bolsillos, ganador del Premio Marca. Periodismo literario de verdad. Vale la pena buscarlo. psanchez@udc.es