¿Hacia dónde caminamos?

OPINIÓN

06 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando la crisis económica azota a un país desarrollado, se hace más visible la crueldad y la agitación que supone el reparto del excedente social. Los países con Estado del bienestar benefician a sus ciudadanos en un doble sentido: proporcionan trabajo en el ámbito privado y público, ofreciendo a su vez servicios y transferencias de rentas que dignifican la vida de la población. Pero la experiencia nos advierte que la distribución del excedente es siempre tarea costosa y en ocasiones imprevisible. Si el sector público administra el 40/50 por ciento de las rentas generadas en el ejercicio, una parte del sector privado se incomoda y practica estrategias recurrentes. Una es forzar el adelgazamiento del sector público mediante privatizaciones y una menor fiscalidad. Otra es penetrar en el sector público y gestionar servicios que este proporciona. La justificación formal es siempre la eficiencia. La justificación verdadera es el negocio.

En este año la situación económica de España vuelve a ser difícil. Se prevé otra recesión (-1,7 % del PIB), se estima un desempleo nunca alcanzado (6,3 millones) y habrá que ajustar de nuevo el déficit público (28.000 millones de euros), lo que exige más impuestos, menos gasto o vender empresas públicas (privatizaciones). Pero es que el próximo año (2013) las cosas serán parecidas. Habrá que reducir de nuevo el déficit público (otros 28.000 millones de euros), sin que el crecimiento económico y el empleo ofrezcan cifras notoriamente mejores a las del ejercicio actual. El consumo interno seguirá arrastrándose por los suelos, y los ingresos de las Administraciones, también. Volverán las privatizaciones, los salarios rozarán el nivel de subsistencia y el copago sanitario llamará con fuerza a las puertas de hospitales y centros de salud públicos.

Pero el problema central de todas estas angustias es saber hacia dónde vamos y cuál será la distribución final del excedente. La respuesta no parece difícil. Si las políticas citadas no alcanzan éxito suficiente, la situación será dura, dramática, imprevisible, difícilmente soportable. Pero si la economía y el empleo repuntan, así como el funcionamiento de los mercados financieros y los equilibrio presupuestarios, tendremos igualmente escenarios decepcionantes. Porque nos tememos que se consolide la pobreza y la desigualdad en el conjunto de la población. El grupo mayoritario será mileurista o marginal. Otro grupo reducido ocupará el estrato privilegiado de las rentas medias, quedando finalmente un grupo selecto de personas insultantemente ricas que destrozarían con su presencia el contrato constitucional. Como es fácil advertir, podemos estar caminando con prontitud hacia un destino cruel del que nadie habla por si acaso.