Jornada electoral

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer I Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

pilar canicoba

28 abr 2019 . Actualizado a las 08:38 h.

Se ha despertado el día con una luz de primavera contenida por los últimos gruñidos de este abril malencarado y el día invita a irse a ver el mar o pasear por el campo. Pero hay que ir a votar.

 No digo que no haya gente que viva la jornada electoral como «la fiesta de la democracia» y los tópicos habituales con los que se exhorta al ciudadano a expresar su voto con alborozo y satisfacción... Pero algunos somos incapaces de vivir estas jornadas como la fiesta de la patrona.

Salvo que votes con la misma fe con la que echas la carta a los Reyes Magos, votar puede ser un ejercicio tan fatigoso y desagradable que hay un montón de gente que no va. Y no me extraña, porque si no votas por afiliación o devoción tienes que reflexionar el voto y eso puede amargarte el día. Sientes la tentación de no ir pero entonces te asalta el remordimiento y la indiferencia que es aún peor.

Elegir entre lo menos malo es otro de los tópicos tan repetido como falso. Resulta evidente que hay gente muy buena en todas las formaciones -parangonando a Ciril Rozman: se puede ser un político malo aunque no se sea un mal político; pero solo una buena persona puede ser un buen político-. En todos los partidos hay gente preparada, trabajadora y buena, pero también los hay malos como carne de pescuezo, pailanes, tontos del haba, gorrones, maquinarias y trepas.

Votar plantea un problema de confusión de órdenes lógicos. Se vota a un partido -nivel lógico superior- poniendo la crucecita en individuos -nivel lógico inferior- y las cualidades de uno y otro pueden ser muy distintas; que una persona sea fiable y honesta no quiere decir que el partido lo sea, hay libros excelentes con capítulos infumables y viceversa. Pero hay que votar.

Votar como quien juega al cupón, sabiendo que hay pocas probabilidades pero que todos los días toca y al menos sirve para algo.

Votar como quien va a misa o invierte en bolsa, calibrando en todo momento las razones de la inversión o el confort del más allá.

Votar por simpatía, por aburrimiento, por responsabilidad, por quedar bien, por dar ejemplo, por añoranza, por ilusión, por correo… pero votar.

Y el que no vote que se tome unos churros, un vino con una tapa de callos y se haga el sueco, que así no arriesga error alguno y podrá seguir poniendo a caldo a todo cristo. Y si pierdes no te enfades y si ganas no te lo creas.

Suerte y a votar que en días como hoy no hay otra cosa mejor que hacer.

O a lo mejor sí.