El ministro censor y su bozal para las redes

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Emilio Naranjo | Europa Press

19 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Nadie sabía muy bien de qué era ministro Castells. Tal vez para resucitar en popularidad se ha lanzado a un esprint de despropósitos. Primero estuvo desaparecido cuando más falta hacía para poner orden en las universidades. Después su reaparición fue casi peor. Lo único que hizo fue revolver aún más el lío del fin de curso. Apagó la poca luz que había. Pero el acelerador lo ha apretado a fondo estos días con su afirmación de que había que intervenir ya las redes para controlar la democracia. Al ministro le salió el censor que todo político aupado en un poder excesivo lleva dentro. Mola criticar a los demás, pero no que le zurren a uno. Hacer chistes, sí; ser objeto de ellos, no. Manuel Castells es la cuota catalana de Podemos, el elegido por Ada Colau para sentarse por vía interpuesta en la Moncloa. Ya tardaba en hacer honor a su Ada madrina. Ahora sí ha irrumpido a lo grande, atacando lo que el Gobierno del que forma parte ha calificado como servicio esencial durante toda la crisis: la información. Lo que quiere Castells es que las redes sean intervenidas para ir hacia el pensamiento único. Sobran los insultos en Internet. De acuerdo. Sobran también los que les ha dedicado Monedero a quienes se manifestan contra el Ejecutivo. El derecho de manifestación parece propiedad de la izquierda pura. Para los insultos ahí está el delito de injurias. Querer limitar la información o la opinión en teoría para protegernos de los bulos es un sesgo dictatorial. Menos mal que Castells ha emprendido una tarea imposible. Intentar frenar las redes es como querer parcelar el océano. No sería capaz de crear ese minifundio ni un gallego. Lo siento por el ministro Castells, pero la información es sagrada; y las opiniones, libres. El periodismo, desde la honestidad, busca el amparo de los hechos. Lo que tienta Manuel Castells y los podemitas que quieren podar la comunicación es acabar con las informaciones que no les gustan. Eliminar el derecho de información, donde cada ciudadano elige lo que quiere leer, para imponer el derecho de deformación, donde solo se publicaría lo que los censores como Castells seleccionarían para que mirásemos por los ojos de Pablo Iglesias. Mal vamos con bozales así.