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La rebaja del IVA del gas desde el 21 % actual hasta un 5 %, que en principio estará en vigor desde octubre próximo hasta fin de año, ha sido la respuesta del presidente Sánchez ante una demanda social muy extendida y razonada en España. Este recorte fiscal busca, dijo, «bajar la factura de la calefacción de las familias españolas este otoño y en invierno», en una política volcada en «proteger siempre a la clase media trabajadora». Una medida que había propuesto hacía poco el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijoo, pero que fue obviada hasta que Sánchez la presentó como una ocurrencia propia. Porque la relación entre PSOE y PP no pasa precisamente por el cordial reconocimiento de las propuestas o sugerencias mutuas.
No obstante, la realidad es que la medida es oportuna y benéfica, y felizmente, aunque sea sin un pacto entre PSOE y PP, ha acabado por asomar el perfil de una coincidencia razonable. De hecho, quizá lo único criticable en este caso es que no se ha seguido el modelo del Gobierno alemán de coalición, que ya ha decidido extender la rebaja hasta marzo del 2024. Quizá Sánchez ha preferido dejar un hueco propagandístico para otra prórroga después de diciembre. Una nueva ocasión de mostrar su agudeza.
Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, que ha comenzado su gira con el proyecto de su plataforma Sumar, ha dejado ver su recelo al respecto, al reconocer que la medida «facilita» la vida de los consumidores, pero la considera «transitoria». Es decir, sirve para atajar la inflación y facilita la vida de los consumidores a corto plazo, pero no tiene otro destino. Si Sánchez no dice lo contrario, claro, porque aún está a verlas venir y tampoco lo tiene claro.
En este punto, cabe decir que Alberto Núñez Feijoo ha sido más firme al expresar que la decisión del Gobierno «llega cinco meses tarde» y fue adoptada «a rastras», después de insultar al PP cuando este partido la propuso. Algo que forma parte de la cordial relación política de socialistas y populares, ninguno de los cuales quiere admitir ningún mérito en su contendiente. Quizá porque los méritos no abundan.