Ser adolescente

ricardo fandiño pascual DOCTOR Y PSICÓLOGO CLÍNICO, COORDINADOR DE ASEIA (ASOCIACIÓN PARA A SAÚDE EMOCIONAL NA INFANCIA E A ADOLESCENCIA)

OPINIÓN

María Pedreda

28 may 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

La adolescencia es una edad intermedia entre la infancia y la adultez. Un tiempo madurativo que nos hemos dado en las sociedades modernas para que el niño abandone progresivamente la protección del adulto y adquiera las habilidades necesarias para hacerse responsable de su propia vida. Su aparición es relativamente reciente si tomamos perspectiva histórica. Comenzó a visibilizarse en familias burguesas durante el siglo XVIII, y ha terminado por ocupar un lugar central en nuestra cultura a partir de los años 60 del siglo pasado con la prevalencia social de las culturas populares y de consumo juveniles. 

¿Cuándo comenzamos y dejamos de ser adolescentes? Para los anglosajones, que los denominan teenagers, serían aquellos que se encuentran entre los 13 y los 19. La OMS amplía este período situando el comienzo a los 10 años. Consideramos su punto de partida la pubertad, con sus marcadores biológicos y cambios corporales visibles. Pero esto no es algo invariable, ya que diferentes estudios nos indican que las pubertades se están adelantando en los países occidentales. Por otra parte, la llegada de la adultez la hemos asociado a la posibilidad de emancipación y esta se ha prolongado en nuestro entorno hasta aproximadamente los 30 años. Como podemos ver, el de adolescencia es un concepto difícil de aprender, muy condicionado culturalmente y sujeto a continua revisión.

Si pensamos la adolescencia en términos psicológicos, esta se caracteriza por los rápidos cambios emocionales, la ambivalencia afectiva, la búsqueda de sensaciones, la impulsividad, la erotización y la inquietud con un cuerpo en cambio.

Las identificaciones, relaciones e intereses varían mientras se constituye el yo adulto. Y vale la pena preguntarse en qué medida estas características propias de la adolescencia han colonizado la infancia y la adultez. De hecho, problemáticas relacionadas con la sexualidad, el cuerpo, la exclusión entre iguales o la violencia como expresión del malestar, que han sido propias de la adolescencia en conflicto, parecen tener una creciente prevalencia en la infancia. Por otra parte, en la población adulta están normalizados el hedonismo, la búsqueda de la satisfacción inmediata, la dificultad para aceptar los límites o la insatisfacción y el cambio en los vínculos, todos ellos modos de estar en el mundo que antes eran atribuidos al adolescente. El cuerpo, la moda, el ocio y la cultura adolescente son un referente hoy para todas las edades.

Es posible pensar entonces que vivimos una época en la que, de un modo u otro, todos somos culturalmente adolescentes. Y esta no es una buena noticia, sobre todo para los más jóvenes, que anhelan un futuro como adultos y los necesitan como referencia de lo que quieren ser o no ser.