
Las cifras de manifestantes resultan muy ilustrativas no solo de la capacidad de convocatoria del partido en la oposición, sino también, y esto es lo verdaderamente relevante, del descontento de la población con el largo mandato de más de dos décadas de Recep Tayyip Erdogan, si sumamos sus períodos como primer ministro y como presidente de la República de Turquía. Decenas de miles de personas, hasta un total de un millón, según algunas estimaciones, han salido a la calle para protestar por la detención preventiva del alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, líder socialdemócrata y futuro candidato a la presidencia del país por el Partido Republicano del Pueblo o CHP, el más antiguo del país, fundado por el padre de la Turquía moderna, Mustafá Kemal Ataturk en 1923. Acusado de corrupción, extorsión y de colaborar con terroristas, es decir, con el proscrito PKK, ha sido enviado a la cárcel tras haber sido aceptadas las dos primeras acusaciones, pero no la tercera. Pero Imamoglu no ha sido el único detenido, ya que también han sido encarceladas otras 106 personas, curiosamente, en su mayoría políticos de la oposición.
La persecución que Erdogan mantiene contra Imamoglu se remonta al 2019, cuando este ganó las elecciones a la alcaldía de Estambul dejando al candidato de Erdogan en la estacada. Tras numerosas acusaciones de fraude electoral, los comicios se repitieron y, en esta ocasión, Imamoglu se hizo con la alcaldía de la capital turca con un margen de más de un millón de votos. Una victoria aplastante que se repitió en muchas otras localidades. Desde entonces, Imamoglu acumula una serie de causas judiciales destinadas a entorpecer su imparable ascenso político, ya que no solo cuenta con el respaldo de su partido y los de la oposición, sino de una gran mayoría de la población.
Ante el anuncio de la elección por parte del CHP de su candidato a las elecciones presidenciales turcas del 2028, y la casi certeza de la victoria de Imamoglu, las autoridades turcas dirigidas por Erdogan han decidido obstaculizarlo, primero amenazando con privarle de su título universitario, imprescindible para presentarse, y después deteniéndolo y enviándolo a prisión preventiva. Casi una década después de la brutal purga llevada a cabo en venganza por el fracasado golpe de Estado contra Erdogan en el 2016, veremos si esta maniobra le permite prolongar su control del poder más allá del 2028 o es el principio del fin de su autoritarismo.