Sin tregua para el pueblo palestino

Husni AbdelWahed EMBAJADOR DEL ESTADO DE PALESTINA EN ESPAÑA

OPINIÓN

MOHAMMED SABER | EFE

30 mar 2025 . Actualizado a las 12:34 h.

Una vez más, el mundo está siendo testigo de un nuevo capítulo del genocidio perpetrado por Israel en contra del pueblo palestino. Tras una tregua que ha durado casi un mes y medio, Israel ha reanudado su guerra basada en el exterminio, dejando centenares de muertos y una destrucción casi total, con órdenes a la población de abandonar sus devastados hogares para dirigirse hacia una dirección indefinida, repitiendo el mismo patrón de seguir matando a las mismas víctimas a las que piden desplazarse a supuestas zonas de seguridad mientras son bombardeadas sistemáticamente.

No conformándose con sus tradicionales crímenes de guerra y de lesa humanidad, Israel ha vuelto a impedir el ingreso de cualquier ayuda humanitaria (comida, agua, medicamentos, combustible, electricidad, etcétera), agravando aún más la situación de la desolada población, que se muere por la acción de los bombardeos aéreos, drones, francotiradores, sumándose ahora de nuevo el hambre como arma letal de guerra.

Mientras esto ocurre en la Franja de Gaza, hay un capítulo casi desconocido: la guerra que está llevando a cabo el ejército de ocupación israelí en contra de ningún combatiente en Cisjordania —salvo civiles indefensos—, pues no hay ningún cuerpo militar ni milicias que se le enfrenten; y, aun con todo esto, entre los colonos y el ejército israelí están implementando una estrategia de represión, persecución, asesinato y destrucción a gran escala, dejando a decenas de miles de ciudadanos palestinos sin hogar, tanto en la ciudad de Jenin y sus campos de refugiados como en Tlkarm (y también en sus campos), Nablus, Hebrón y demás ciudades de Cisjordania.

Todo esto imposibilita la vida para el pueblo palestino, salvaguardando el mismo objetivo que en un principio era públicamente «desplazamiento» de los gazatíes, cambiando ahora eufemísticamente su nomenclatura a «migración voluntaria», creando para ello una instancia gubernamental dependiente de su Ministerio de Defensa, con un mandato especifico: «Facilitar la emigración de la población de Gaza» y, muy probablemente, la de Cisjordania y Jerusalén.

Por otro lado, los colonos fundamentalistas, desatados y alentados por las autoridades gubernamentales, están cumpliendo un rol determinante en la política del Estado de Israel. Su actuación, bajo protección y acompañamiento del ejército, abarca una serie de tareas, desde la expropiación de tierras palestinas, construcción de asentamientos, tala y quema de árboles frutales y campos cultivados, robo de ganado y animales, quema de casas y propiedades, persecución y aniquilamiento de pobladores; a una lista interminable de atroces atentados en contra de la población palestina.

El último acontecimiento que ha salido a la luz ha sido la agresión y secuestro de Bilal Hamdan, codirector del documental No Other Land, ganador del Óscar. Todo esto está ocurriendo a ojos y oídos del mundo. Estados Unidos respalda incondicionalmente el genocidio y adopta totalmente las políticas del gobierno fundamentalista de extrema derecha de Netanyahu, con las que se pretende desplazar a la población de Gaza a cualquier otro lugar que no es su hogar, e invadir su tierra por gente de todo el mundo. Y la respuesta a esta amenaza por parte del resto de la comunidad internacional ha sido tibia.

La imposición de una nueva doctrina en la política internacional basada en la fuerza bruta y la violación del derecho internacional humanitario, de convenios, tratados y protocolos legitimando la ocupación, los crímenes de guerra, la limpieza étnica y demás prácticas del Estado de Israel no solo afectan al pueblo palestino, sino a las normas y reglas de convivencia a nivel mundial.

Hasta ahora ha sido Palestina, pero de forma progresiva se está legitimando y normalizando la ocupación del territorio ucraniano y se evalúa la posibilidad de apropiarse de Groenlandia y la anexión de Canadá, entre otros. Si se legitima la limpieza étnica en Palestina y se normaliza esta práctica, ¿habrá garantía de que otros pueblos no sufran lo mismo? Por el bien de la humanidad y de las futuras generaciones, no se puede ni se debe permitir esto.