Ni una rueda de prensa digna de Fidel Castro (por larga) sirve para tapar lo evidente. Óscar Puente aparcó durante unas horas el ruido tuitero para refugiarse en un marasmo de acrónimos que no tapan lo evidente: 69 muertos, por ahora, sobre las vías del AVE en Urda apenas nueve meses después de que otras 46 personas se dejarán la vida en Adamuz.
El Gobierno de Pedro Sánchez lleva cuatro años sin Presupuestos, pero con muchos relatos. Siempre hay que echarle la culpa de todo lo malo que pase a alguien. A ser posible del PP, de la ultraderecha internacional o de los enemigos de los progresistas. Aunque luego resulte que todo —o casi todo— lo que se cuenta acabe siendo mentira.
En Valencia, con la dana, la excusa se la puso muy fácil Carlos Mazón con su escapada al Ventorro. Culpable y dimisión. Aunque luego, dos años después muchas calles de Valencia se hayan vuelto a inundar porque no se han hecho las obras necesarias.
En el apagón, el responsable del mantenimiento, Redeia, dirigido por una exministra socialista, Beatriz Corredor, y con varios compañeros de militancia en su consejo, optó por ignorar la evidencia del fallo propio y los informes de la Unión Europea para señalar a su malo particular: las empresas eléctricas, especuladoras y ávidas de beneficios. Claro que, en silencio y tratando de ocultarlo, el ente responsable del transporte de energía ha ido modificando su apuesta indiscriminada por las renovables para evitar que se repitiera el episodio.
En Adamuz, primero se habló de un sabotaje, luego se le echó la culpa al PP y finalmente al cambio climático, sí, al cambio climático, para encubrir la falta de mantenimiento del tramo en el que se produjo la catástrofe. Se amenazó a los investigadores que apuntaban directamente a la gestión del ADIF y se ignoraron varios avisos previos de otros conductores en la misma ruta.
En Ceuta, Sánchez empezó hablando de ataque a la integridad territorial de España antes de pasar a responsabilizar a Israel y a Trump por la postura de líder de la izquierda global del inquilino de la Moncloa. Incluso se apuntó a una conspiración internacional, también, claro, de la ultraderecha. Tres meses después, la ciudad autónoma sigue sumida en el caos y sin pinta de que vaya a resolverse pronto.
En Urda, hasta ahora apenas conocido por el Cristo de la procesión de su día grande, Óscar Puente dio un paso más en el manual de las excusas. Se filtró, otra vez, un audio troceado para dejar en evidencia a un empleado de la sala de control de Atocha. «Fallo humano», se apresuraron a denunciar los más leales al Gobierno. Lástima que en apenas unas horas se haya descubierto que fallaron hasta cinco sistemas de seguridad distintos y que ya había ocurrido más de un centenar de veces este año sin que nadie solucionara la alerta.
Hay un viejo dicho inglés que dice que cuando te sientas a jugar, si no ves a nadie más tonto que tú, el tonto eres tú. Cambie tonto por responsable y quizá entienda por qué todos los partidos, incluidos el BNG y Bildu, sus aliados más fieles, le piden a Pedro Sánchez que destituya a Puente.