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Dos millones de kilos de comida para evitar el hambre de 25.000 personas en la provincia de A Coruña

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

ANGEL MANSO

El Banco de Alimentos Balrial, con almacenes en Santiago, Ferrol y la ciudad herculina, colabora con 119 entidades

24 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

En la provincia de A Coruña hay 24.669 personas que reciben frecuentemente alimentos para satisfacer una parte de sus necesidades básicas. «Solo cubrimos el 13 % de lo que necesita una persona y nuestra meta, más bien sueño, es llegar al 30 %», explica Manuel Mora, presidente del Banco de Alimentos Rías Altas (Balrial), que dispone de almacenes en Santiago, Ferrol y A Coruña, desde donde se atiende a familias de 33 municipios de la provincia. Otras entidades, entre las que está Cáritas, satisfacen otro porcentaje, y las familias buscan fórmulas para completar sus necesidades básicas.

El banco no trata directamente con las familias, sino que proporciona los recursos alimenticios por medio de las asociaciones sociales que sí están en contacto directo con las personas. Balrial cuenta con un ejército de voluntarios propios y otros muchos repartidos entre 119 asociaciones enclavadas en 33 municipios, que son los que acercan la ayuda a quien la precisa.

Desde la sede de A Coruña se trabaja en 14 municipios con 76 entidades, que en el 2024 llegaron a 20.981 personas; Ferrol atendió a 1.397 usuarios de 16 asociaciones; y desde Santiago se distribuyen alimentos a 2.291 usuarios de 27 entidades en 14 concellos.

Balrial, en A Coruña tiene almacenes en A Grela, y en Meicende tiene otro de productos frescos. Desde ambos se distribuye para toda la provincia. El almacén de Ferrol está en el polígono de A Gándara, y el de Santiago se ubica en el polígono do Tambre. La mayor parte de los recursos se almacenan en la capital provincial, y desde allí se envía mercancía casi a diario a las otras dos ciudades.

El pasado año, Balrial repartió 513.375 kilos de frutas y hortalizas procedentes del Fondo de Garantía Social; 63.374 kilos de plátanos adquiridos directamente por la Federación Española de Bancos de Alimentos; y 1.133.948 kilos de otros productos que llegan a Balrial procedentes de las recogidas periódicas en cadenas de distribución y por medio de donaciones de particulares y empresas.

En el reparto de alimentos, las frutas y hortalizas sumaron el año pasado más de 580.000 kilos; se repartieron 340.000 litros de leche, y más de 211.000 kilos de productos no perecederos. Balrial entregó 12.600 kilos de alimentos infantiles; 78.148 kilos de congelados; 59.585 litros de diversos tipos de aceite; 27.760 kilos de conservas y otros alimentos preparados; y 45.578 de legumbres.

Esfuerzo constante

Manuel Mora comentó que «las donaciones son fundamentales para nosotros. La Gran Recogida de noviembre nos permite llegar a abril con suministros y poder aguardar a las siguientes campañas». El pasado fin de semana se recogieron donativos en Eroski y «en mayo será en Gadis, que es muy potente».

Uno de los problemas detectado desde el Banco de Alimentos viene dado por el cambio en el reparto de los fondos europeos. Antes llegaban exclusivamente al banco, pero ahora Europa prefiere entregar unas tarjetas que los usuarios emplean para comprar en determinados supermercados. «El problema es que muchas personas, especialmente del rural, no tienen acceso a esos supermercados y, por tanto, no piden la tarjeta, porque no podrán ir a comprar», explica Mora.

«Los voluntarios volvemos a casa con una satisfacción que es impagable»

Rogelio Iglesias Blanco se inició en el voluntariado vinculado al Banco de Alimentos Rías Altas aportando dos horas en las recogidas de alimentos, que se hacen tres veces al año en los supermercados de la provincia. «Durante ocho años participé en las recogidas anuales, y ahora estoy desde hace tres, junto a otros compañeros, en el almacén de Meicende», explica, donde la mayoría son «prejubilados o jubilados».

El equipo de seis personas gestiona los pedidos de frutas y hortalizas del Fondo de Garantía Social, que «son los que llegan de cooperativas agrícolas de toda España. Este excedente se paga con los fondos europeos».

Cada mes «se mueven en el almacén entre 25.000 y 30.000 kilos, que se contabilizan y se gestionan para su reparto a las entidades sociales que trabajan directamente con las familias. El último fue un camión de manzanas que vino de Lleida», recuerda. Rogelio reconoce que no habla «solo por mí cuando asegura que los voluntarios volvemos a casa con una satisfacción moral que es impagable». Sostiene que, cuando empezó en las recogidas en supermercados, «volvía a casa muy cansado, pero satisfecho. Tengo que reconocer que es una manera de recuperar la fe en la humanidad». Aunque los voluntarios en el Balrial solo tienen contacto con las personas de las asociaciones, Rogelio apunta que «aún no hablando con los beneficiarios finales, conocemos casos por los de las asociaciones, y te das cuenta de lo importante que es el trabajo que se está haciendo desde el Banco de Alimentos».

«Atendemos las necesidades de unas 170 personas, ya sean jóvenes, mayores o familias»

La Asociación Dios y Pan centra su trabajo en el barrio ferrolano de Recimil, y cuenta con tres o cuatro voluntarios que gestionan los recursos que llegan desde el Banco Balrial. Disponen de un local, propiedad del Concello, para almacenar los recursos. «Se atienden las necesidades básicas de alimento y de ropa para unas 50 familias», que vienen a ser entre 150 y 170 personas. «Hay desde mayores que viven solos, a jóvenes sin recursos, con y sin hijos, familias numerosas, nacionales y extranjeros», explica Alfonso Balsa, presidente de la entidad desde hace poco más de un año.

«El trabajo no es solo recepcionar los lotes de ayudas y repartir. Hay mucho trabajo administrativo para controlar que la ayuda llega a quien más lo necesita. Periódicamente se piden certificados para actualizar la situación de las familias, y los voluntarios preparan lotes semanales o mensuales para adaptarlos a las necesidades de cada grupo familiar». Alfonso Balsa indica que «no queda nadie sin ayuda. Cuando hay emergencias, nosotros estamos ahí. Si viene alguien con hambre, primero se le ayuda y luego se le deriva a los servicios sociales».

El barrio en el que trabajan tiene un «perfil obrero, con familias muy necesitadas», y entre los usuarios hay un grupo que lleva tiempo en esa situación, y «otros que van y vienen. Cuando uno deja de venir varias semanas, pensamos que es una buena noticia, porque seguramente tenga ingresos», razona en clave positiva.