«Si, es Brasil: pero no haga toples»

Marcos Fidalgo

SOCIEDAD

Ricardo Moraes

Si una mujer se quita la parte de arriba del bikini en alguna playa de Brasil recibirá miradas atónitas y curiosas, podrá escuchar frases machistas y moralistas, o comentarios sobre la calidad estética de sus pechos, además de correr el riesgo de que sus senos sean expuestos en la prensa o en las redes sociales

26 ene 2014 . Actualizado a las 22:25 h.

La mujer todavía puede llegar a ser presa, sí, presa, ya que el toples en Brasil es una transgresión. No una transgresión legal, sino cultural. La ley prohíbe el atentado al pudor, pero delante de la indefinición de lo que es atentado al pudor, es preferible cubrir los pechos para no ser víctima de la subjetividad de algún policía. En enero de 2000, una mujer fue víctima de esta subjetividad tras hacer toples en Rio de Janeiro. La detuvieron. El secretario de seguridad del gobierno de Rio dijo, entonces, que prohibía la interferencia de los policías en caso de toples. Pero sus palabras no llegaran a convertirse en un decreto oficial que permitiera la liberación de la práctica. El tiempo pasó, cambiaron los gobernantes, el tema se olvidó y los pechos se mantuvieron cubiertos. No es raro que una extranjera solo descubra la prohibición extraoficial del toples en Brasil cuando ya está al sol, o en el mar, o en la orilla de la playa con los pechos desnudos. «No sabía», suelen decir las desavisadas, tapando los pechos, «en mi país eso es algo normal y permitido». Ana Paula Nogueira, una cineasta de 34 años, desea que el toples en Brasil, o al menos en las playas de Rio de Janeiro, su ciudad, también sea normal y permitido. El pasado 21 de diciembre Ana fue a la playa de Ipanema, una de las más famosas de Rio, para participar del toplesazo, un evento creado para pedir la liberación del toples, y que debería reunir miles de mujeres con los senos emancipados del biquini. No había lugar más apropiado para hacer la reivindicación, ya que, históricamente, Ipanema es la playa que ha presentado las escenas más vanguardistas de Brasil. En 1979, tras regresar del exilio, Fernando Gabeira, militante político que se volvería diputado federal, paseó por la arena de Ipanema con un eslip de croché. Antes, en una tarde soleada de 1971, la actriz Leila Diniz, muerta en un accidente aéreo en India, fue a Ipanema de biquini, convirtiéndose en la primera embarazada a mostrar la barriga desnuda, algo impensable en aquellos tiempos, aún más cuando la embarazada iba a ser madre soltera, que era el caso de Leila. A pesar de las ocho mil personas que confirmaron presencia en el toplesazo, Ana, al acercarse a la arena, vio, en vez de senos al aire, un aluvión de curiosos y periodistas. «¿Puedes quitar la parte de arriba para que podamos filmarte?», le pidió una reportera de la tele, desesperada, ya que no había nadie haciendo el toples, lo que volvía inviable el reportaje. «Vamos, por favor, ¡anímate!» Ya que Ana estaba allí para eso, desató el bikini y expuso los senos, rellenados por prótesis de silicona. Otros periodistas la abordaron, pidiéndole fotos y entrevistas. Al día siguiente, sus pechos y opiniones salieron en toda la prensa. En las fotos, Ana aparece haciendo unas caras sensuales. «Las hice en respuesta a los chistes y a las provocaciones que escuchaba de un grupo de curiosos. Parecen que nunca han visto un pecho en la vida», explica. Ana es una ex periodista que dejó todas las estabilidades que ha logrado para involucrarse en las incertidumbres de su pasión, el cine. Ahora produce un documental sobre prostitutas de un antiguo prostíbulo de Rio. A veces, muy discretamente, hace toples. Solo pudo hacer en playas de Europa y del Caribe. Le pregunto el porqué de que Brasil prohíba el toples, si es un país que cultiva y exporta la sensualidad en las músicas, en las danzas y en las ropas. Pero Ana cree que «Brasil no cultiva la sensualidad como dice que cultiva»: tenemos, hoy, una falsa sensualidad, un estereotipo equivocado de Brasil que se ha creado». Y apunta que los artistas que exploran la sensualidad son una minoría, «en general artistas populares o marginales». Asegura que ha conocido muchos músicos que fueron reprimidos por la propia discográfica porque intentaron ser osados. «Hay mucha censura en Brasil, no una censura oficial como la que tuvimos, pero una censura que viene de la sociedad, o de aquellos que la lideran, como las élites e los radicales religiosos, que crecen cada vez más en Brasil. Estamos volviéndonos talibanes: acabemos con la hipocresía».

Por Río de Janeiro