Isabel Zendal: La filántropa que dio la vuelta al mundo acosando a la viruela
SOMOS MAR
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La primera mujer enfermera embarcada en misión internacional zarpó de A Coruña con 22 niños, entre ellos su hijo, del hospicio que regentaba
05 feb 2023 . Actualizado a las 17:21 h.En Un café con Eva, de Radiovoz tocó hacer un poco de historia. Recordar el sueño cumplido de Isabel Zendal Gómez, toda una pionera cuya participación en una misión filantrópica transoceánica contribuyó a salvar muchas vidas, a las que arrancó de una muerte segura en las garras de la viruela.
Sobre la vida de esta mujer, reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la primera mujer enfermera embarcada en una misión internacional, hay todavía muchas lagunas. Para empezar hasta hace bien poco no se sabía ni su nombre. Fue el periodista Antonio López Merino el que aclaró que Isabel López Gandaria era, en realidad, Isabel Zendal, contó Raúl Villa, doctor ingeniero naval, oficial de la Armada, capitán de la marina mercante y coautor, con Bartolomé Cánovas, del libro La mujer en el mar: historias de sueños cumplidos, a Eva Millán en la sección Ellas y el mar.
A Isabel Zendal, natural de Ordes y rectora en la Casa de Expósitos de A Coruña —hoy el instituto Zalaeta—, se la conoce algo en Galicia y su nombre empieza a ser familiar desde la inauguración en Madrid del hospital que lleva su nombre. Y quizás ha trascendido más la polémica sobre su dotación de recursos humanos que del patronímico que se le ha dado al complejo.
Ha pasado desapercibida incluso para Ordes, que la nombró hija predilecta hace tan solo unos años, en el 2016. Y eso que la aventura de esta mujer, nacida en el seno de una familia numerosa, pobre de solemnidad, se remonta a 1803, cuando siendo ya rectora de la inclusa, se embarcó en la corbeta María Pita y zarpó del puerto de A Coruña en la expedición dirigida por el médico alicantino Francisco Javier Balmis para llevar la vacuna contra la viruela a todos los territorios españoles de ultramar. A falta de congeladores, el antídoto viajaba en el sistema inmunitario de 22 niños del hospicio, entre los que se encontraba Benito, hijo de la propia Zendal, madre soltera en una época en la que, serlo, era duro tanto para vástago como para progenitor.
La expedición, financiada por el rey Carlos IV, que había perdido a la infanta María Teresa por la enfermedad, se prolongó hasta 1806 y prácticamente dio la vuelta al mundo. Cuba, México, Perú, Chile, pero también Filipinas, Cantón, Macao... Cientos de vidas que pudieron haber salvado de un virus que entonces mataba a una de cada tres personas que la contraían, recordó Villa.
Ni Zendal ni su hijo regresaron jamás a Galicia. Como tampoco lo hicieron ninguno de los otros 21 que conformaban la expedición. Uno incluso murió durante un viaje que, dadas las circunstancias, debió de ser de lo más penoso. Los muchachos —no superaban los diez años de edad— procedían de hospicios de Madrid, de Santiago y del propio Hospital de la Caridad que regentaba Zendal. Por embarcarse, los niños recibieron sendos petates con dos pares de zapatos, seis camisas, un sombrero, tres pantalones, así como útiles para aseo personal.
En agosto de 1809 la misión regresó a Acapulco y allí, en el país mexicano, se pierde el rastro de la enfermera y de su hijo. Se sabe que estuvieron en Puebla y que jamás regresaron a España. De hecho, Isabel Cendala es el nombre, desde hace 20 años, de la Escuela de Enfermería del estado de Puebla, según recoge López Mariño en su libro.
Y aún así, tan filántropa pionera sigue sin ser conocida por más que en los últimos tiempos se hayan prodigado los reconocimientos. Ahí está la estatua que enfrente al Instituto de Ensino Secundario Ramón Menéndez Pidal, o Zalaeta, recuerda que en esas aulas que ahora estudian los chavales hace 200 años vivían decenas de expósitos, algunos de los cuales fueron héroes que salvaron al mundo. Como la heroína de Ordes.