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Los que se empeñan en bautizar cada estereotipo estético masculino emergente ya han hecho lo propio con los barbudos enfundados en camisas de cuadros
19 nov 2014 . Actualizado a las 18:20 h.No, señoras y señores, no son hipsters, o sí, pero no específicamente por abotonarse la franela con estampado de tartán ni por dejarse crecer la barba salvajemente. Tampoco por imitar el estilo mariscador, remangados sus pantalones hasta la mitad del gemelo mientras profesan su amor eterno a los tobillos desnudos, ni por moverse en bicicleta. Ni siquiera por utilizar gafas de pasta. Si son hipsters lo son por sus inclinaciones culturales y estéticas, por adherirse a la subcultura independiente, sea cuál sea, en las antípodas de lo que se conoce como mainstream -corriente principal; pensamientos, gustos o preferencias predominantes en una sociedad-.
Por tanto, señoras y señores, hipster no es el bigote y unos tirantes, no es escuchar a Dorian y Vetusta Morla, no lo es leer a Kafka ni ver cine iraní. Es todo eso cuando nadie lo hacía, es seguir estilos de vida alternativos; vestirse, peinarse y acicalarse como una minoría, bailar temas que solo unos cuantos privilegiados conocen, tener aficiones que muy pocos practican. Y lo otro, la estética predominante en estas fotografías, el amor por las rutas salvajes, las chaquetas de lana, los botines de cordones, la gomina en el cabello y los mentones poblados de pelo, esto son leñosexuales.
Ya tiene nombre. Algún individuo, más abstracto que concreto, se dedica desde hace años a elegir nombres, en plena vorágine de tendencias, para cada estereotipo estético masculino que asoma la cabeza. Primero fueron los metrosexuales, ese colectivo con inclinaciones vigoréxicas que empezó a preocuparse, a finales de los noventa, por la abundancia de pelo en su torso, en sus piernas y en sus cejas, por el bronceado y las calorías de más. Veáse David Beckham. Tomaron su relevo los retrosexuales: galanes maduros, antihéroes de los anteriores, naturales y apasionados. Gerard Butler, el protagonista de Mad Men Jon Hamm o Matthew Fox, Jack en Perdidos, son algunos ejemplos. Pero pronto los desbancaron los ubersexuales, un híbrido entre los dos grupos previos. Caballeros educados, con estilo, pulcros, acicalados, pero, a diferencia de los metrosexuales, muy masculinos. Para echar más leña al fuego, aparecieron los spornosexuales, que son los nuevos metrosexuales, vanidosos, enamorados de sí mismos, obsesionados con su cuerpo, más que con su fondo de armario. ¿Ejemplos? Cristiano Ronaldo o el personaje que interpreta Joseph Gordon Levitt en la película Don Jon.
Y en esta sopa de letras de metrosexuales, retrosexuales, ubersexuales y spornosexuales debutan ahora los leñasexuales, un término -«lumberjack»- acuñado por un portal extranjero especializado en acampada y otras labores relacionadas con la naturaleza. Imaginen un leñador. Eso es. Y ahora a Ryan Gosling y a Justin Vernon, voz de Bon Iver. El resultado es esta nueva tipología, directamente ligada al estilo de vida outdoor -contacto con lo natural y actividades al aire libre-, amante de la comida casera, del bar, en la mayoría de los casos del tabaco, de la carne, la cerveza artesana y del buen vino.
Por sus pintas los reconoceréis
No solo la barba -tan válida la de un par de días como la de cinco meses de gestación- identifica a un leñasexual, también conocido como lumbersexual. Una serie de rasgos estilísticos lo anuncian a voces desde leguas de distancia. No se equivoquen. No se trata de ir desaliñado, ni siquiera de parecerlo. La despreocupación y la naturalidad encajan más con este término. Su primera y mayor aliada es la camisa de cuadros, mejor si es de franela. Abrochada hasta el cuello, con un par de botones abiertos, remangada, por fuera del pantalón, con un faldón dentro y otro fuera, abierta sobre una camiseta e incluso anudada a la cintura. De cualquier forma es válida. ¿Colores? Más de lo mismo, cualquier combinación será óptima, por ejemplo, esta de Timberland.
Las botas son el segundo imprescindible del hombretón de moda. Encontramos, básicamente, tres variantes posibles: las Timberland clásicas de piel engrasada marrón claro, con pala lisa y collarín acolchado; los botines de serraje, como estos Emidio Tucci; y este modelo, también Timberland, que también se ve de vez en cuando en los pies de los aficionados al surf .
Más. En caso de que el leñasexual haya echado a lavar toda su colección de camisas, suele optar por camisetas de remero (de tirantes), sobre las que se coloca alguna sudadera, básica -por ejemplo, esta de color marino de Emidio Tucci- o desteñida -nada de estampados de palmeras o flores hawaianas-, o algún acolchado jersey de lana o punto grueso, mejor en tonos vegetales, mostaza, café, tostados o verdes lima -también válidos los motivos alpinos-, como este, también de Emidio Tucci, con descuento actualmente en El Corte Inglés.
El uniforme se completa con prendas de abrigo más bien grandes, que ensanchan sus hombros, su espalda y, en definitiva, toda su figura. Las opciones son variadas, desde abrigos térmicos, como los plumíferos acolchados y con capucha -como este en azul de Wellensteyn o esta mezcla de plumas y parka de Emidio Tucci- a las diferentes parkas propiamente dichas -por ejemplo este modelo de Gant, con forro y capucha de pelo o esta militar de Polo Ralph Lauren combinada con cuadros, rojos y negros, en tejido de paño- o las cazadoras vaqueras de Levi's con forro de borreguillo. Indispensable: una mochila, mejor si es de cuero.