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La venganza de Rubén de la Barrera

TORRE DE MARATHÓN

César Quian

Asciende al Albacete en Riazor un año después de que el Dépor decidiera no renovarlo, cuando estaba casi pactado

12 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El Deportivo había finalizado la temporada 2020-2021 a un buen nivel. A Rubén de la Barrera le había costado inculcar su filosofía al equipo, pero finalmente lo había conseguido. El nuevo consejo de administración, presidido por Antonio Couceiro, estaba contento con el entrenador y las conversaciones entre el director general, David Villasuso, y el entrenador se encontraban muy avanzadas.

Se había planificado parte de la pretemporada e incluso había nombres sobre la mesa para incorporar —alguno acabó viniendo—. Sin embargo, llegó una tentadora llamada del Las Palmas para que el coruñés entrenara en Segunda División. Y ahí comenzó el distanciamiento. Aun cuando no había propuesta formal, el técnico pidió unos días al Deportivo para reflexionar. No le dio tiempo, el simple hecho de que De la Barrera se hubiera reunido con el director deportivo del Las Palmas, incluso sin una oferta firme, molestó tanto en la plaza de Pontevedra que se le puso la cruz al coruñés.

El consejo de administración se sintió traicionado, ante la incredulidad del entrenador, que se quedó en el paro. Semanas después, Alfonso Serrano, que había abandonado el Dépor para fichar como director deportivo por el Albacete, recuperó a De la Barrera y confeccionó un proyecto de ascenso.

Y, como tantas veces ocurre en el fútbol, los astros se alinearon para que ambas partes se vieran las caras en una lucha a vida o muerte. Esta vez con un invitado de excepción, Borja Jiménez, que hace unos días sorprendía con unas declaraciones, más o menos jocosas, en las que recordaba que su homólogo era coruñés y si el Dépor no ascendía, quizá no pudiera regresar a casa.

La respuesta del gallego llegó horas después: «A lo mejor el que no puede volver por A Coruña no soy yo». Esa fue verbal. La de acción fue darle un repaso táctico a Borja Jiménez en la segunda parte y chafar la fiesta blanquiazul.

Un éxito que, posteriormente, admitió que le hacía sentir una extraña sensación.

«Tengo unas sensaciones que no sé definir, repleto de alegría y tremendamente jodido, no sabría decir cómo estoy», señaló en relación a su procedencia herculina.

Rubén recordó que el Dépor es su club desde niño y que haberlo entrenado fue una ilusión máxima para él, aunque, lógicamente, no podía evitar su alegría por el éxito cosechado,

«(El Deportivo) Es mi club y me revienta en el alma, engañaría si no dijera que estoy feliz por que se lo merecen, pero que sea aquí me duele en el alma», apostilló el entrenador del Albacete.

Un desencuentro, el azar, un cruce de declaraciones y una venganza forman el guion de una final de play-off que el Dépor tuvo en sus manos durante muchos minutos pero que viajó para La Mancha contra pronóstico.