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El gol al Ceuta volvió a demostrar la fructífera relación entre Lucas y un Quiles que sacó partido de sus registros de buen delantero y su conocimiento del rival
24 abr 2023 . Actualizado a las 10:06 h.En los trece segundos que transcurren desde que Rubén Díez le limpia la bola a Aisar y Alberto Quiles la envía a la red no hay nada tan determinante como la mirada que el delantero andaluz echa por encima de su hombro antes de entrar en contacto con el cuero por primera vez. Tras la recuperación, producto de la ayuda defensiva en una esquina del área propia, la pelota llega a Diego Villares, que distingue al 9 unos metros más adelante. Decide jugar con él y cuando el pase va en camino, Quiles pone cara al marcador más próximo; el que pretenderá, sin duda, cortar la progresión. David Alfonso, el 18 ceutí. «Lo conocía porque estuvimos juntos en el Recre y sabía que entra de golpe». La información es poder. Finta con giro —«Es un control que suelo hacer mucho»— y vía libre hacia campo ajeno. A partir de ahí, la resolución es otra prueba de agudeza visual.
Porque a Lucas Pérez también lo vio venir. Hasta le hizo un guiño para saludar su probable incorporación. «Nos vendría de lujo», aventuró mientras recogía el premio al mejor jugador de noviembre. El efecto Lucas estaba tan cantado que su futuro socio lo empezó a percibir con meses de antelación. En cuanto el coruñés volvió a casa, establecieron una relación de pareja basada en la comunicación. «En el descanso, le dije: ‘‘si llegas a banda ponla al segundo palo’’», desveló el máximo goleador del Deportivo tras hacerle dos tantos calcados al Fuenlabrada, cabeceando los centros del 7 desde el punto exacto donde había prometido aparecer.
Frente al Ceuta, para enlazar tres citas marcando en casa y recortar distancias con el pichichi (enrolado en el rival), no hizo falta conversación. Fue solo cuestión de fe. «Cuando empezó a correr, sabía que se iba a llevar a su marcador en velocidad», compartió el onubense, tan confiado en su compañero que le envió la bola en profundidad y subió de inmediato a completar la pared.
Así lo recordó el de Monelos en zona mixta: «Levanté la cabeza, llegaba Quiles en muy buena situación y se la intenté poner lo mejor posible para que hiciera lo que lleva haciendo todos estos años con el Dépor. Una asistencia más para mí, un gol más para él». Bienes gananciales de este matrimonio de conveniencia para el aficionado blanquiazul.
La unión se romperá en El Arcángel, cuando el autor del 1-0 visite al club en el que se formó. «Me río un montón con él y me gusta mucho cuando se enfada, porque parece un niño pequeño», había declarado el dueño del 9 sobre su «relación genial» con el coruñés. Sin embargo, la fractura, fruto precisamente de un pataleo castigado con tarjeta, le pilló a contrapié. Fue informado por la prensa de la situación: «¿Cómo que a Córdoba sin Lucas? ¿Le han echao amarilla? ¡Qué putada!». Esa no la vio venir.