La cruz de O Castro

VIGO

17 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La Cruz de los Caídos, en O Castro, no es un monumento religioso, sino político. Fue erigida para satisfacer a Franco, que mandó levantar en toda España unas cruces que tuvieran «la grandeza de los monumentos antiguos» y que desafiasen «el tiempo y el olvido». En Vigo, no parece que lo lograsen, porque el más modesto cruceiro de nuestras parroquias es más hermoso que el adefesio que luce frente al Ayuntamiento.

El pasado miércoles, la cruz cumplió 50 años. Inaugurada por el propio dictador el 14 de septiembre de 1961, le costó a las arcas municipales una pequeña fortuna, cifrada en un millón de pesetas de la época. El gobernador civil de entonces, José González Sama, dijo en el acto, ante la multitud enardecida, brazo en alto, que estaban «ante el obelisco conmemorativo con el que perpetuamos la lealtad a Franco». La cruz fue expresamente dedicada a los 330 muertos del bando franquista durante la Guerra Civil. Por supuesto, no se mencionó a los 136 vigueses que fueron fusilados ante los muros del castillo de O Castro de 1936 a 1942, como tampoco a los que murieron en la Porta do Sol, acribillados por las tropas del capitán Carreró, o los otros 740 represaliados por los sublevados que reposan en el cementerio de Pereiró.

La cruz de O Castro no honra a todas esas víctimas y de nada sirve el hecho de que el Concello, durante la alcaldía de Soto, declarase que se ampliaba su homenaje a todos los caídos. Esa declaración, con todo lo bien intencionada, no resarce ni hace justicia a la propia barbaridad de su concepción. Es justo que haya gente, mucha gente, a la que le moleste la sola visión de esa cosa.

Diversos colectivos presentaron en mayo ante el Concello 4.040 firmas pidiendo la retirada de la cruz. Pero han sido ignoradas. No hay noticia de que el asunto vaya siquiera a tratarse. Y el alcalde Caballero no hace declaraciones al respecto. Lo justo sería que el caso se debatiese en un pleno municipal. Que cada grupo y cada concejal se posicione y se produzca un enriquecedor intercambio de opiniones. ¿Qué miedo hay a hablar de estos temas?

Yo creo que habría que retirar la cruz de O Castro. No demolerla ni volarla, como se dice a veces, utilizando palabras que pueden herir sensibilidades. No es preciso que haya que derrumbarla como las estatuas de Stalin o de Sadam Husein. La propia cruz, sin su base, puede ser trasladada a un recinto eclesiástico, como el Seminario, por ejemplo. Aunque insistamos: no tiene valor religioso ni fue erigida con este fin.

En Alemania, país con un fuerte catolicismo, como lo demuestra el actual Papa, se retiraron todas las cruces gamadas del nazismo. Que eran cruces, pero no eran religiosas. Como esta misma, levantada para sembrar la discordia. Ahora que una ley no solo permite sino que obliga a su retirada, hágase. Se hace difícil entender qué interés hay en demorar y emponzoñar todo este asunto, defendiendo ese adefesio.

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