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Hernán Sío, de nueve años, fue el primer gallego en practicar gimnasia rítmica en categorías base
06 jun 2017 . Actualizado a las 11:28 h.«Veía a mi hermana y a sus compañeras y quería hacer lo mismo», cuenta el protagonista con normalidad. Como cualquier benjamín de la casa que tiende a imitar al primogénito. Con esa naturalidad afrontaron desde el minuto 1 su familia, su club y toda la gente que rodea la porriñés Hernán Sío Trillo que su obsesión desde los dos años fuera un deporte tradicionalmente femenino como la gimnasia rítmica que ahora lleva practicando casi seis, desde los cuatro. Fue pionero de la disciplina en su categoría en Galicia.
La madre de Hernán había hecho rítmica y su hermana, Julia, la eligió también como actividad extraescolar. «¡Solo falto yo!», exclama el padre, Paco Sío, divertido. Y explica cómo comenzó todo. «Desde los dos años se acostumbró a ir al pabellón a ver las competiciones. Y no solo a verlas, también a entenderlas. A esa edad si veía que un aro iba fuera ya te decía: ‘Fallo, papá’. Fue aprendiendo que eso penalizaba y, de la misma manera, toda la dinámica de la competición», recuerda. Cuenta que en sus inicios fue «autodidacta». Luego el Club Ximnasia Porriño ha guiado su camino deportivo.
La cocina de casa como tapiz
De espectador siendo casi bebé pasó Hernán a reproducir lo que veía en su casa. En concreto, en la cocina «porque era donde más espacio tenía». «Se ponía a hacer el desfile, la competición, el saludo, la competición cantando él la música, acababa, cogía una medalla y se la colocaba a su hermana», detalla Sío padre. Luego, a su manera, se fue acercando a la que hoy es su realidad. «Cuando me llevaban a los entrenamientos de Julia me iba a la entrada del pabellón a hacer lo que ellas. Un día bajé al tapiz, me puse a hacer cosas, me vieron y me cogieron para el club», cuenta Hernán satisfecho.
La cosa no es tan fácil como parece a ojos del pequeño, pero tampoco especialmente complicada. «Era difícil encontrar un club en la zona. Le llevamos a que conociera la artística o la acrobática, pero lo suyo era la rítmica», cuenta Paco. En cuanto se lo propusieron al club de O Porriño, todo fueron facilidades. «Sabíamos que por casa no paraba con la cuerda y el aro y en el pabellón era lo mismo. Teníamos un conjunto de aros con tres niñas y nos hacía falta un integrante más y le veíamos tan motivado que se lo propusimos», cuenta la que desde entonces es su entrenadora, Rebeca Román, precisando que la Federación permite conjuntos mixtos en los niveles escolares. Tenía cuatro años y en diciembre cumplirá diez.
Para la preparadora fue todo un reto, admite. Volver a empezar de cero. «La normativa es igual en chicos y chicas, pero está claro que los cuerpos y las condiciones físicas no coinciden», constata. Su idea siempre ha sido buscar un estilo masculino, «como el chico que es sin tratar de imitar a una chica», pero haciendo rítmica, al fin y al cabo. «Por supuesto que baila y se mueve, igual que ellas o mejor, pero buscamos que tenga su propio estilo, como chico y como gimnasta. Para que pueda destacar y dar lo mejor de sí mismo», señala.
A base de trabajo y pasión
Asegura Rebeca que Hernán destaca por su elegancia y, sobre todo, «porque se transforma, se come el tapiz cuando sale». Y deja admirados a todos allá donde va. Todo a base de dos ingredientes: trabajo y pasión. «Mejoró muchísimo. Igual no tenía unas condiciones espectaculares, pero el esfuerzo se ha ido notando muchísimo. Para él es su vida», dice la técnico. Su familia lo celebra: «Hace una actividad que le encanta, le apasiona, y nosotros estamos felices. Lo que le pides a un niño a estas edades cada vez que inicia una actividad es que se divierta y que trabaje, que se lo tome en serio y se esfuerce», reflexiona Paco.
¿El cole o la rítmica? Ante esa pregunta Hernán no duda. Pero tanto en casa como en el club las prioridades están claras. «Después de hacer los deberes ya se pone a hacer gimnasia por la casa. Si le dices que vaya parando, que lleva mucho tiempo, se pone a ver un vídeo de rítmica. Incluso le gusta diseñar mallas», cuenta el padre. «Tanto por mi parte como por sus padres tiene claro que no puede bajar el listón en los estudios. Y aunque la profe le dice que se agobia un poco, sus notas son buenísimas», presume Rebeca. El propio Hernán lo corrobora: «La profe me llama estresado, pero puedo con todo».
También pudo con el momento de dejar el conjunto para comenzar a competir solo. Las niñas le acogieron como uno más desde el principio, por eso cuando tocó competir sin ellas le costó. «Siempre estaba arropado por ellas y al principio estaba un poco asustado», señala su padre. Pero fue llegar al Nacional y esfumarse los nervios. «Vio que había treinta y pico o cuarenta chicos más que hacían rítmica y se quedó fascinado», añade. Porque en Galicia estaba acostumbrado a competir solo o a ser muy pocos. «Ahora vamos a campeonatos por la comunidad y hay madres que le reconocen y nos cuentan que sus hijos empezaron a hacer rítmica por él».
La familia fue descubriendo el deporte al mismo ritmo que Hernán. «Ni siquiera sabíamos que había competición para chicos. Hemos crecido todos de la mano», dice. El próximo peldaño es el campeonato de España alevín al que acude el día 22. Y coinciden Rebeca y Paco en que el crecimiento de Hernán no tiene límites: «Seguirá hasta que se aburra... Pero es que no creemos que eso pase en ningún momento».