SE LAS CONOCE COMO PANKS (Professionals Aunts no Kids), porque nada tienen que ver con la imagen de tías solteras de antes. Son trabajadoras, con una vida intensa, sin pareja estable, pero abiertas a tenerla en cualquier momento. Dispuestas a todo por sus sobrinos, vuelcan en ellos todo su poderío. «Somos la mejor versión de sus padres», dicen.
23 ene 2016 . Actualizado a las 16:40 h.El término Panks tiene su gracia porque es verdad que es difícil etiquetar el papel que hacen muchas tías solteras hoy en día. Nada que ver con la imagen tópica cargada de connotaciones negativas de otros tiempos. Ni están en casa ganchillando ni van vestidas con falda por debajo de la rodilla y rebequita de punto ni salen a merendar tortitas con nata ni se pasan el día cocinando para los niños. Las Panks (Professionals Aunts No Kids) le ponen otro color a la suerte de ser tía. ¿Cómo lo consiguen? Pues llenando ese hueco que da por un lado tener independencia económica, libertad para entrar y salir a cualquier hora y sobre todo consentir mucho a sus sobrinos, pero apoyando a los padres de tal modo que el vínculo familiar se estreche dándoles un papel principal también en la educación de los niños. Aunque lo de profesionales lo que viene a decir es que hay que soltar pasta a esos niños que son como hijos. Pero con las ventajas de que no lo son. Es lo que les pasa a Marta Castro y Leticia Argüelles (en la imagen), que posan encantadas con sus sobrinos. Las dos son tías Panks por parte de hermana, lo que da otra unión. «Cuidado, que yo además soy tía abuela», indica Leticia. Con ella suman 9 hermanos, pero su relación con su hermana con la que solo se lleva 15 meses fue siempre especial. De ahí que a estas sobrinas, Lara y Carla, las considere sus niñas. «En todo lo que mi hermana no puede ahí estoy yo. Las llevo al colegio, me quedo con ellas a dormir, la noche de Reyes, por ejemplo, la pasaron conmigo, yo juego más con ellas, y tengo conversaciones diferentes a la de su madre. Digamos que conmigo vienen a buscar la otra versión». Ese lado más consentidor funciona también en Marta, «creo que en mí ven el reflejo de alguien que quiere vivir la vida, yo soy todo lo contrario a su madre (que ha ido por el libro en todo) y esa cara de independencia un poco alocada la tienen en mí». ¿Si tuvierais hijos cómo se lo tomarían?, les pregunto. «Yo creo que se celarían muchísimo», responde Leticia. «Sí, a mí me lo dicen a veces: ?¿Tú nunca vas a tenerlos?' Y les dejo la puerta abierta: 'A lo mejor sí, nunca se sabe'».
NI SU MADRE NI UNA AMIGA
Porque tanto Marta como Leticia no descartan esa posibilidad, que no se ha dado aún, pero puede llegar en cualquier momento. Mientras, se vuelcan en sus sobrinos, que buscan en ellas otro cobijo más de tú a tú. «Mi sobrina Carmen ?señala Marta? tiene ahora 13 años y como no soy su madre pues compartimos cosas que con otra persona sería difícil. Tampoco soy una amiga, pero creo que me cuenta cosas que a otra persona de mi edad no se las diría. Si me pone a Justin Bieber sabe que me voy a emocionar con ella, igual que cuando me compro algo de ropa y podemos compartirlo. Juan creo que aún hay cosas que no entiende de mí, me ve con más distancia, y por momentos parece más responsable que yo». Es lo mismo que le pasa a Leticia con sus sobrinas: «Es curioso porque yo soy la adulta y de repente las escuchas en casa: ¿Leti, apagaste la calefacción? Les entra una responsabilidad conmigo que me hace gracia, como si tuviéramos los papeles intercambiados». Con sus parejas tienen una relación de vaivén «a algunos ya ni se los presento ?bromea Leticia? para que no haya decepciones». «En mi caso tienen un lío, porque tengo una relación muy buena con mi ex, de hecho es el padrino de Juan y ellos lo quieren muchísimo, pero la vida sigue y han conocido a otras personas», dice Marta. Lo que no cabe duda es que las dos no se imaginan plan más perfecto que disfrutar de sus sobrinos, que ven en ellas la gran alternativa a su cuidado con esa vida tan intensa. Y sin el estrés de la maternidad. Las Panks se quedan con lo mejor. Qué tías.
BELÉN GARCÍA: «SON COMO UNHA AMIGA, PERO CON AUTORIDADE»
Cuando solo tenía 14 años Belén, de Vilalonga (Sanxenxo), se estrenó como tía. Ahora, con 32, ya suma seis sobrinos. Con los que más tiempo pasa son con los que viven aquí, la otra mitad los tiene a unos cuantos kilómetros, en Bélgica, con su otro hermano, que si no sacaría tiempo para todos. «Asumín certa responsabilidade cara eles cando comecei a coidalos sendo adolescente. ¡Foron os primeiros cueiros que cambiei!», exclama. Belén es profe de primaria en un cole de O Grove y eso de tratar con niños no es nada nuevo para ella. Disfruta siendo tía. «Son como unha amiga para eles que respectan. A que está aí cando o necesitan, a que lles intenta subir a autoestima cando a teñen baixa e inculcar valores», explica. «¡Unha amiga con autoridade!», puntualiza al momento. Así es como le gusta definirse. Las dos chicas, Elena y Paola, de 11 y 18 años, siempre quieren saber sus consejos. Sobre los estudios o lo que se tercie. «Co pequeno, Álex, bótolle unha man ao meu irmán e a miña cuñada sempre que podo. Vouno buscar ao cole e tamén son a que o leva a actividades. Na casa, gústalle moito ler e debuxar comigo», presume.
Tener una tía maestra no está nada mal. «Si que me piden axuda cos deberes algunha que outra vez», confiesa con ternura. «Ao non estar as 24 horas con eles, as tías temos unha paciencia que ós pais se lles pode esgotar antes. Recoñezo que os mimamos e os consentimos pero, sempre que lles merco algo (cando non o esperan ?hace un inciso? e é unha sorpresa é o mas bonito), intento que sexan xogos didácticos, dos que poidan aprender», añade. Nada, por tanto, de malcriar. «Entre que son profe e tía de tantos sobriños xa estou adiestrada para cando me toque a min ser nai? aínda que non ten nada que ver», opina Belén.
ERIKA ALONSO: «CLARO QUE LA CONSIENTO, NO PUEDO EVITARLO»
Lo de Erika Alonso con su sobrina es pura locura. A sus 39 años esta fenesa no tiene hijos, pero podría decirse que vive por y para la niña de sus ojos. La pequeña se llama Bexi, un nombre panameño que hace honor al origen de su padre. Obviamente Panamá tiene un gran significado para Erika, porque su sobrina se fue allí tras su primer aniversario para vivir durante dos años. Veinticuatro meses que se hicieron eternos y en los que nuestra «tía profesional» no dudó ni por un segundo que tenía que cruzar el charco. «Fui tres veces a Panamá en esos dos años. En su cumple, como no me quedaba dinero, tuve que coger un vuelo de tres escalas y dormir una noche en el aeropuerto», cuenta entre risas. Esa noche, que pasó sobre suelo estadounidense ?nunca mejor dicho?, no tuvo desperdicio: «Vino la Policía, que allí controla mucho, y me preguntaron a qué había ido yo al país. ¡Y yo les dije directamente que iba al cumpleaños de mi sobrina!», recuerda Erika. Por supuesto y ante tan insigne motivo de viaje, los agentes la dejaron dormir tranquila y siguieron con su trabajo.
A sus cuatro años y medio, Bexi está deseando que su tía vaya a visitarle. Y vaya si va. Erika, que trabaja en A Coruña, se planta en la casa de su hermana, en Fene, prácticamente todos los fines de semana para verla. Y claro, tía y sobrina se lo pasan en grande. «Yo desempeño una función diferente a la de los padres. Juntas hacemos de todo, saltamos encima de la cama? Ese tipo de cosas que en circunstancias normales no puede hacer cuando está sola en casa», indica Erika. ¿Que si la consiente? «Sí, claro que sí. No puedo evitarlo. Además no tiene hermanitos y aprovecho para que pueda jugar conmigo cuando estoy», responde risueña.
Pasadas las Navidades, en las que les encargó de todo a los Reyes para su sobrina, tiene un objetivo claro: llevarse a Bexi al Disneyland Music Festival: «Estoy mirando dónde lo hay este año para llevarla conmigo, porque intento ir con ella a este tipo de espectáculos siempre que puedo», apunta. Con una tía así, ¿quién quiere más?
BERTA RODRÍGUEZ: «MIS SOBRINOS DICEN: ¡CON BERTI SIEMPRE HAY MÁS!»
Berta Rodríguez, una Pank de 31 años que pillamos a la salida del cole en Vigo, no tiene compromiso pero sí una gran pasión: sorprender a sus sobrinos. Tiene cuatro. «Me encanta que digan: ¡Con Berti siempre hay más!». Viajes juntos a París, una tarde de playa en Samil, fines de semana en Leiro, coger el barco para cruzar a Cangas a jugar, comer gominolas «si no las piden», un cine... ¿Cuál fue la última que les llevaste a ver? «¡Carlitos y Snoopy!», dice esta tía con cuatro hermanos a la que la sobrinez le ha dejado tranquilo, por ahora, el instinto maternal. «Es una alegría tener a mis sobrinos... y eso que no soy la mítica tía que les permite y les consiente todo ¡eh! Quizá si los viese solo una vez al mes... pero teniendo este contacto diario no. Además yo no les quiero maleducar».
Con Diego y Álvaro, los hijos de su hermana mayor, Berta tiene ese feeling que hace el contacto, los ve muy a menudo y a veces se quedan en su casa a dormir: «Comemos muchas veces juntos en casa de mis padres y si mi hermana tiene que irse a Madrid se quedan conmigo».
Tener hijos te cambia la vida, decimos los padres descubriendo el mundo a lo Colón. ¿Los sobrinos también? «El primero es especial. Cuando nació yo estaba de fiesta en Carballiño con amigas. Fue una alegría tremenda», cuenta Berta, que dice que la relación que se tiene con las tías es confidencial «Contigo comparten más confidencias que con sus padres ?dice esta trabajadora de Abanca en Vigo?, hay más confianza... Te cuentan cosas del cole, de sus compañeros. También porque les tiras de la lengua. Ellos siempre tienen batallas que contar». En este afecto hay mucho humor: «Nos reímos mucho. A veces les digo: ¡Chuky ven aquí!». Hay amores diabólicos.
¿Cómo cambian los sobrinos la relación entre hermanos? «Mi relación con ellos no interfiere en la que tengo con mis hermanas. Si hay un enfado eso no va a afectar a mi relación con los niños. Eso es sagrado». Así habla esta tía con la que, palabra de sobrino, «siempre hay más».