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Si ya teníamos poco... El reto se ha complicado. Porque ahora son dos criaturas las que se dedican a hacer gamberradas
20 dic 2024 . Actualizado a las 05:00 h.Las Navidades están al caer. En muchos hogares, sobre todo, con niños, la ilusión ya se siente, y se vive. ¡Y si no, que se lo digan a los ayudantes de Papá Noel! Están siendo noches muy moviditas para los elfos, que cada día desde el 1 de diciembre tienen la misión de vigilar a los más pequeños para luego contarle cómo se han portado al habitante más famoso del Polo Norte. Pero tienen tiempo para todo, para darle el parte a su «jefe» en la otra parte del mundo, y para liarla un poco en la casa en la que se alojan. Hace años ya que el elfo en la estantería (The Elf on the Shelf) se ha convertido en una tradición, pero el furor, y el nivel, cada vez va a más. Los retos cada vez son mayores. Porque si no eran suficientes las trastadas que esta criatura de diminuto tamaño podía hacer entre cuatro paredes, la cosa se ha complicado (sobre todo para algunos). Y es que este año las gamberradas se han multiplicados por dos, ya que en muchos hogares se ha presentado con una compañera de aventuras. Es decir, ahora son dos monicreques enfundados en su traje rojo, —algunos tienen el pantalón de rayas—, los que han sumado fuerzas para conseguir hacer la mayor travesura posible mientras todos duermen en casa. Juegan con ventaja, porque tienen al público entregado, y a poco que hagan consiguen una sonrisa de los pequeños de la casa. Pero lo malo es que están muy motivados y se superan cada noche, y son los padres los que se echan las manos a la cabeza por la mañana, porque efectivamente, toca recoger el desastre. La harina es uno de sus ingredientes favoritos, y espolvorearla por casa, su pasión. Aunque parece que este año, todos los discípulos de Papá Noel se han puesto de acuerdo en usar la crema de cacao y avellanas y extenderla por la tira que cae del rollo del papel higiénico. Desde luego es una de las gamberradas que más se está viendo en las redes sociales en las cuentas de los padres con hijos de corta edad. Pero también tienen tiempo para hacerse la cena, y cocinar huevos fritos de gominola (aptos para su tamaño), jugar al escondite metiéndose en la nevera o en la lavadora, pescar cereales en la taza del váter o camuflarse entre los juguetes de la casa. Cualquier cosa les vale para atraerla la atención de los pequeños de la casa, que estos días se despiertan con más ganas de saber qué han hecho sus «compañeros de piso temporales» que de desayunar. Hay que encontrarlo y dejarlo como está, sin tocar, para que no pierda la magia y pueda continuar con su misión hasta el próximo 24, cuando regresen con Papá Noel a Laponia. ¡Ya no queda nada!