María Dolores Rivera, la primera mujer presidenta de una sala del TSXG: «Mi primer hijo nació cuando yo aún estaba en segundo de Derecho»

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La magistrada, referente de la Justicia gallega, empezó a preparar la oposición para convertirse en jueza cuando el niño tenía 3 años
15 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.María Dolores Rivera Frade representa la lucha y la perseverancia. La vocación. La pasión y el ímpetu por cumplir un sueño más allá de los obstáculos que impone el mero hecho de ser mujer. Este lunes 10 de marzo fue el día internacional de las juezas. Así, en femenino. Y la primera mujer presidenta de una sala del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, la de lo contencioso-administrativo, relata una historia de superación, la suya, en la que partía con todo en contra en un momento en el que la conciliación era inexistente.
La magistrada María Dolores Rivera lleva 34 años en la carrera judicial y acaba de cumplir los 60. Se refiere a los nuevos jueces y señala con humildad: «Siempre te puedes equivocar, y da igual que lleves cinco, diez, quince, veinte o treinta años. Te vas a equivocar, porque somos humanos». Esa, la de ser humano, es la principal cualidad que considera que ha de tener todo juez o jueza para dedicarse a la regia tarea de impartir justicia.
«Nosotros, en la jurisdicción contenciosa, resolvemos asuntos entre los particulares y la Administración. Ahí sí que hay una falta de equilibrio entre el ciudadano, que muchas veces se siente desamparado y no tiene conocimientos de derecho, y la Administración», señala María Dolores.
Natural de Ferrol, es el rostro de la experiencia. Inició su andadura en Vilagarcía de Arousa en 1992 como titular del juzgado de Primera Instancia e Instrucción, aunque residía en Santiago, donde permanece en la actualidad. «Entonces había una obligación que era totalmente contraria a la conciliación, que era la de residir en el lugar de destino. Yo no vivía allí, es decir, que eran flexibles, pero también porque Santiago estaba muy bien comunicado. En un destino como ese, haces muchas guardias y tienes que estar comunicado. Hay que tener en cuenta que en destinos como ese, un juzgado mixto, haces muchas guardias y es indispensable estar disponible».
APROBÓ EN TIEMPO RÉCORD
Tan solo dos años y medio tardó María Dolores en aprobar una oposición que entonces no duraba tanto como ahora, porque el proceso constaba de menos pruebas, «pero tenías que sufrir las preguntas del tribunal; de hecho, cuando salí yo del tribunal, mi marido me dijo: “Te machacaron”. Aun así, yo les fui respondiendo, y aprobé». De hecho, recuerda como si fuera hoy el momento en que supo que había conseguido su plaza. Estaba haciendo sustituciones en el juzgado de Santiago, concretamente en el que llevaba el registro civil —«yo me recuerdo casando a Alfredo Conde, el escritor, y pensando a la vez en los temas de mi caso práctico», relata—. Justamente al llegar de una de esas jornadas oficiando bodas, le dijeron que la habían llamado del Consejo General del Poder Judicial para darle la buena nueva. «Fui la mujer más feliz del mundo», apunta.
Si lo suyo ya tiene mérito en sí mismo, sus circunstancias vitales cuando preparó las pruebas no apuntaban precisamente al éxito, porque María Dolores se convirtió en jueza siendo madre. «Mi primer hijo nació cuando yo tenía 20 años, me quedé embarazada estudiando segundo de la carrera de Derecho. Cuando empecé la oposición, el niño tenía 3 años. No estaba dentro de mis planes preparar una oposición de este tipo, porque tú cuando te enfrentas a esta clase de pruebas necesitas dedicarles mucho tiempo». Ese tiempo al que se refiere la magistrada eran unas ocho horas diarias que arañaba cuando el niño estaba en la guardería, más lo que podía sumar por las noches.
No podía permitirse perder demasiado tiempo, así que se enfocó desde el principio en optimizarlo muy bien para aprobar lo más pronto posible. «Mi gran salvador, la figura que me apoyó y me impulsó a hacerlo, fue mi marido —es funcionario de la Xunta, pero en ese momento renunció a estudiar presencialmente la carrera y se matriculó en la UNED para ponerse a trabajar y llevar dinero a casa—; y, después, mi estrella fue mi preparador, que hoy en día es mi compañero de sala, Fernando Seoane Pesqueira». Él creyó en María Dolores y en su motivación desde el primer día.
CONCILIACIÓN CERO
Las medidas para la conciliación en aquel momento —ingresó en la escuela judicial en el año 1991— brillaban por su ausencia. Doce años después, una vez superada esa etapa y ya con un rodaje en la carrera judicial, tuvo a su segundo hijo. «Y justo me coincidió el ascenso forzoso, que entonces había que hacerlo, así que me fui para L’ Hospitalet de Llobregat y quedó aquí mi familia. Yo sabía que iba a tener que irme, y preferí hacerlo pronto, porque cuanto antes me fuese, antes volvería. Estuve año y medio allí, que en teoría eran dos, pero ya se empezó a mover algo a favor de la conciliación y pude adelantar el regreso seis meses», explica. Su exitosa carrera se forjó a costa de su trabajo, pero también de sus renuncias. María Dolores todavía se emociona al hablar de ellas: «Me perdí los dos primeros años del mayor, porque prácticamente lo cuidaron mis padres, y el primer año y medio del pequeño, que estaba en Cataluña. Lo pienso muchas veces y con mucha tristeza, porque renunciar a algo tan maravilloso como es la maternidad no debería ocurrir».
La ausencia de medidas para facilitar la conciliación no perjudicaba solo a la hora de tener hijos. «Ni siquiera existían los permisos por fallecimiento de familiar, y yo que soy hija única, recuerdo que cuando murió mi madre nada más nacer mi segundo hijo, me tuve que ir para Cataluña y llevarme a mi padre un tiempo, porque no lo podía dejar solo con la cardiopatía que tenía».
Hasta que en el año 2000, al fin, María Dolores pudo volver a casa. Se creó el juzgado de lo contencioso-administrativo de Santiago, un cambio de jurisdicción que no entraba en sus planes, pero le enganchó. Hasta el punto de acabar convirtiéndose, en diciembre del 2019, en la primera mujer presidenta de una sala del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, precisamente la de lo contencioso-administrativo.
«Vengo de un mundo que no tiene nada que ver con la judicatura ni con el derecho. Mi madre era modista y mi padre tenía un taller, era herrero. La máxima ambición de ambos era que su hija tuviese unos estudios universitarios», indica la magistrada, que señala que tan solo quiere que la conozcan como una buena compañera «y una persona que trabaja con dedicación, responsabilidad y compromiso».
«A mí me inculcaron de fuera la idea de preparar la oposición, y también de presentarme a la presidencia. Quien iba a ser presidente de sala y todos estábamos deseando que lo fuera era mi preparador, pero por diferentes razones, abandonó la idea. Y ahí es donde empezaron a venirme los ánimos y las peticiones de la gente», explica María Dolores, a la que le daba respeto presidir la sala de 18 magistrados desde la que se toman las decisiones más importantes de la justicia administrativa gallega. «Pero dar el paso de ponerse al frente de una sala de lo contencioso me parece que beneficia a todas las mujeres juezas. A pesar de que superamos a los hombres, apenas hay mujeres en los cargos judiciales. Nos tiene que echar una mano el plan de igualdad, que estamos con el segundo, para buscar mecanismos que favorezcan esa llamada de las mujeres a los altos cargos». Ella, que fue madre joven, pudo permitirse recabar méritos a los treinta y tantos. No es lo que le ocurre a la mayoría de mujeres, sean juezas o no, a las que la crianza innegablemente les dificulta prosperar laboralmente hacia cargos como el suyo.
Su hijo mayor estudió derecho, pero a pesar de contar en casa con tan ilustre ejemplo, se negó a seguir sus pasos y se decantó por la abogacía. «Dijo que no, lo tenía muy claro. Decía: “Yo veo a mamá, que está encerrada, y no es lo que quiero para mí”», cuenta María Dolores, que aclara que continúa felizmente casada con su marido, su principal apoyo y la persona que en su día dio un paso atrás para que ella pudiera ser lo que es hoy: «Con 20 años tomar la decisión de tener un bebé, estudiando los dos, y llegar a los 60 juntos es para nota». Como todo en su vida.