Según el neurocientífico James Fallon
Según el neurocientífico James Fallon
Tras reunir toda la información disponible sobre Vladímir Putin, el neurocientífico norteamericano James Fallon —profesor de Psiquiatría, Anatomía y Neurobiología de la Universidad de California— ha desarrollado la que, según él, sería una neuroimagen del cerebro del presidente de Rusia. Para explicarla mejor, Fallon —que lleva años estudiando el cerebro de los dictadores de Corea del Norte, Cuba, Bielorrusia, Venezuela y, sobre todo, Rusia— ha señalado en azul las áreas con baja actividad cerebral y en rojo, las áreas con actividad por encima de lo normal. Nos lo explica.
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En todos los psicópatas esta amplia área (cortezas orbital y cingulada anterior, lóbulo frontal, amígdala...) presenta baja actividad. Es una zona que se activa pronto en el niño... si no sufre un trauma temprano. Se trastocan así los rasgos básicos de la personalidad, la conducta social y moral, el sentimiento de culpa, los impulsos agresivos, la valoración del riesgo...
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El líder ruso compartiría toda la zona disfuncional del psicópata (1) y tendría, además, baja actividad en esta región de la corteza premotora. Esto eleva su control de la conducta impulsiva por encima de la media e inhibe su sentido de la empatía a la hora de tomar decisiones.
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Presentaría gran actividad en estas áreas (núcleo accumbens y precúneo) implicadas en las adicciones, la necesidad de recompensa, los deseos, la memoria episódica o la cleptomanía.
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La formación reticular en el tálamo es parte del mecanismo de expresión de las emociones. Fallon dice que debía de estar inactiva en el cerebro de Putin hasta hace poco. Viendo que ahora reprende a sus generales o se sienta lejos de ellos, temeroso quizá de un contagio, cree que se habría activado.
Habla el científico que estudia su cerebro para la CIA
La mayoría de los dictadores, dice Fallon, son psicópatas o sociópatas que sufrieron traumas severos en su infancia.
De Iósif Stalin señala que era incapaz de sentir nada por los demás, ni siquiera por sus propios hijos, lo que lo convierte en un 'psicópata de manual'. Algo similar sucede con Adolf Hitler, aunque en su caso el narcisismo le hacía estar convencido de ser el salvador de su país, precisa el científico en cuyas investigaciones se apoyan la CIA y el Pentágono.
Subraya Fallon que casi todos los dictadores suelen ser bastante inteligentes, a excepción de Idi Amin, el 'carnicero de Uganda', «un cabeza hueca» sádico y psicópata primario (de nacimiento).
Bashar al-Asad, el hasta hace poco presidente de la República Árabe de Siria, no posee la genética del trastorno de personalidad antisocial —dice Fallon—, pero sufrió el acoso de su hermano mayor, tuvo que aprender a ser despiadado y acabó con un «trastorno explosivo intermitente».
En cuanto a Muamar el Gadafi, el dictador libio asesinado en 2011 tras 42 años en el poder, era sociópata —dice Fallon—, narcisista maligno y un tirano hipersexual que se rodeaba de atractivas mujeres como guardaespaldas y ansiaba el amor de su pueblo.
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