Animales de compañía

Los chicos también lloran (y II)

Viernes, 4 de abril 2025, 09:51

Decíamos en un artículo anterior que hay que despreciar a los sollastres que andan siempre lloriqueando al modo de riegos por aspersión; pero también debemos desconfiar de esos hombres que, por dárselas de muy viriles, afirman que no lloran nunca.

Si nos asomamos a nuestra literatura, descubriremos que algunos de los modelos más cabales de varón lloraron sin rebozo cuando la ocasión lo requería. Así ... le ocurre a Mío Cid, a quien el poema fundacional de nuestra literatura retrata por tierras de Burgos, vestido de hierro, de «los sus ojos fuertemente llorando». Es muy conmovedora esa imagen del guerrero curtido en mil batallas que llora camino del destierro, sin poder enjugarse el llanto (salvo que lo hiciera con guantelete de malla). Don Quijote creo que no llega a llorar nunca ante el lector, aunque le anuncia que hará «lloros y sentimientos» en su penitencia de Sierra Morena; y son muchas las veces que se conmueve, más ante las desgracias ajenas que ante las propias. Sancho Panza, por su parte, llora al menos en dos ocasiones por amor a su rucio; y por supuesto también mientras su amo agoniza, pidiéndole que viva muchos años.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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