
La boirense, que se hizo viral con un vídeo de una acción que dio la vuelta al mundo, triunfa en las traineras
22 ago 2019 . Actualizado a las 13:58 h.Sandra Piñeiro Fungueiriño (Boiro, 1996) ha dado la vuelta al país. El azar quiso que ella fuese la protagonista de la anécdota de la temporada de traineras con un vídeo en el que le tocó remar sin remo después de que partiera un tolete de la embarcación. Detrás de la imagen que se viralizó a través de las redes, se encuentra una mujer que respira deporte, que se agranda ante la competición y que viene de erigirse con Orio como campeona de la Liga Euskotren, la primera división española del remo femenino.
«Es un sueño hecho realidad, solo queda ponerle la guindilla a la temporada», reconoce la boirense, que dirige su mirada a la Bandera de La Concha, cita que, por poner un ejemplo futbolístico, sería poco menos que la final de la Champions League. Aunque su bancada parte como favorita, prefiere no echar las campanas al vuelo: «Nosotras vamos a remar. Nadie es manco y sabemos que el resto de rivales nos darán guerra. En este deporte puede pasar de todo y tenemos los pies en la tierra».
De lograr el éxito en la bahía de San Sebastián, Sandra Piñeiro habrá completado un año perfecto. Y eso que no fue hasta principios de 2019 cuando tomó las maletas con dirección al País Vasco para recalar en Orio. Cincelada en la cantera de Cabo da Cruz, el pasado verano formó parte de un Náutico de Ribeira, que exhibió su poderío en el remo autonómico. El cambio de normativa de la Liga Gallega de Traiñeiras la obligó a abandonar las aguas de Aguiño y recalar en el equipo guipuzcoano.
Ahora, tras ondear 12 de las 13 banderas en juego de este verano, confiesa que «los resultados fueron saliendo poco a poco. En este tiempo se ha visto una mejora, no a nivel técnico, pero sí de nuestra confianza. Faltaba que nos lo creyéramos, saber que éramos capaces».
Mayor tradición
Sobre las diferencias entre Galicia y el País Vasco, reconoce que en deporte son mundos diferentes: «Aquí existe una cultura del remo, más afición. La gente lo vive muchísimo y el pueblo se vuelca contigo. Hay que estar en el lugar para saber como se vive. Por mucho que te lo cuenten no vale. Reconocen el esfuerzo y el sacrificio y te lo gratifican».
Como receta para alcanzar el nivel de los vecinos del norte, afirma que es necesario «más apoyo de las instituciones. En Galicia puedes dar gracias si te dan algo. En Orio estamos en un centro de alto rendimiento, en el que cuentas con todo lo necesario para entrenar, sea en tierra, en ría o en mar».
Después de esta primera experiencia, reconoce que no sabe qué le deparará el futuro: «Estoy en unas arenas movedizas. A nivel personal y deportivo me gustaría seguir, pero no es una decisión mía. Veremos qué ocurre a final de temporada». Confiesa que su aclimatación al País Vasco ha sido total: «Existe ese estereotipo de que son cerrados, pero todo lo contrario. Me hicieron sentir como una más. Me siento gallegavasca. A mí me han recibido con los brazos abiertos. He sido una más del equipo».
El momento
Abrumada por el famoso vídeo sin el remo, quiere olvidar el tema. «Eso ya está, ya pasó», afirma entre risas. «Fue una situación que se dio, un accidente al que se le dio demasiada importancia. Lo que hice fue lo que haría cualquiera, es algo que te sale solo. El problema es que tenía una cámara delante», confiesa con una carcajada. Tras un bombardeo de mensajes y llamadas, decidió que lo mejor era centrarse en el equipo, en conquistar el cetro liguero.
A pesar del tiempo y de la distancia, no piensa en regresar. «Aquí he encontrado una segunda Galicia. Estoy a gusto. Aunque eche de menos a la familia y a las amistades, vas haciendo tu vida y conociendo gente nueva. A nivel deportivo he comprobado que todo sacrificio tiene su recompensa. En este equipo todas tenemos la misma ambición».
La próxima meta pasa por la bahía de La Concha. En la gran regata del remo nacional, Sandra Piñeiro quiere cumplir un nuevo sueño: ondear la bandera que vuelva a hacerla sentir que los sueños pueden hacerse realidad. Si merece la pena dejar Boiro por Orio seguramente sea por momentos como ese.

