
El 14 de febrero, hace más de un mes, comenzó su actividad presencial en Veeduría. Pero desde entonces poco o nada se sabe de ellos
22 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Tal vez haya existido un pasado turbio y misterioso en la vida de Juan Álvarez de Vega Bermúdez de Castro y Menchaca, marqués de Montaos, conde de Grajal y propietario a partir de 1640 de la casa de Veeduría. Caballero de la Orden de Santiago, Álvarez de Vega daba protección a los peregrinos que partían hacia Compostela desde la iglesia de Santiago. Quién sabe, pensé, de qué esoterismo se valía para su elevada misión y si acaso algún embrujo remoto pesa aún sobre este caserón y explica tanta intriga alrededor de la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial (Aesia).
El 14 de febrero, hace más de un mes, comenzó su actividad presencial en Veeduría. El ministro para la Transformación Digital, Óscar López —fugaz cual espectro aquel día— y otras autoridades ponían en marcha un espacio de coworking, salas, aulas y hasta un auditorio a disposición de sus primeros pobladores. Pero desde entonces poco o nada se sabe de ellos.
En Veeduría ya trabajan los ignotos aesios, porfiaba el gobierno local, mientras la oposición apuntaba que el inmueble parece una mansión fantasma, con una paz solo quebrada por los extraños sonidos del sistema de aire, sin insonorizar. Pero entonces, ¿hay o no hay vida en Veeduría?
Ayer me acerqué personalmente a resolver el misterio. En la conserjería del centro cívico de la Ciudad Vieja, que se integra también en el edificio, pregunto si hay alguien de la Aesia. Me responden: «Sí, están trabajando en el primer piso. ¿Tiene cita?». Mi gozo, en un pozo. No tengo cita y me quedo sin ver a los guardianes de la ortodoxia digital. El misterio se resuelve a medias: haberlos, haylos, parece. La cuestión es que se manifiesten. Tal vez algún día...