La economía lastra al dirigente peor valorado de la historia de Francia
05 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«El 6 de mayo del 2012 recibí el mandato del pueblo francés de reincorporar a Francia en la senda de la justicia». Con estas palabras el socialista François Hollande recogía el testigo del conservador Nicolas Sarkozy como presidente. Pero para muchos, el balance de su primer año en el Elíseo es de suspenso.
Doce meses después de su victoria en las urnas, tres cuartos de la población francesa se muestra insatisfecha con el jefe de Estado. Una cifra que convierte a Hollande en el presidente peor valorado de la historia de Francia.
La causa principal de esta espectacular caída de popularidad es la situación económica. Francia está al borde de la recesión y la tasa de desempleo aumentó a niveles récord: el 11 %, el doble que en Alemania. Entre los jóvenes, uno de cada cuatro no encuentra trabajo.
La gran mayoría de los franceses no confía en que su presidente, con fama de «indeciso», consiga atajar los problemas del país. Si mañana hubiera elecciones, las encuestas apuntan a una victoria de Nicolas Sarkozy. «Hollande, año horrible», titulaba esta semana el diario Le Monde. Uno de los pocos éxitos que se conceden al presidente es la intervención militar contra los islamistas en Mali.
¿Quién es el responsable de la crisis y el elevado desempleo? El Gobierno señala al predecesor de Hollande y pide paciencia. Mientras multimillonarios como el actor Gérard Depardieu abandonan el país como protesta por lo que consideran una política hostil a los ricos.
El presidente tuvo que ver cómo su sueño de una «república ejemplar» se desmoronaba cuando saltó el caso de corrupción de Jérôme Cahuzac, el ministro de Presupuesto que tuvo que dimitir tras confesar que tenía una cuenta secreta en Suiza. Ni un escándalo más había sido su promesa cuando asumió el poder de manos de Sarkozy.
Además, a muchos ciudadanos les decepciona el estilo de Gobierno de Hollande. «Fijaré prioridades, pero no voy a decidirlo todo y en lugar de todos», prometió cuando juró el cargo. Sin embargo, la impresión que proyecta es otra. «Presidencialización total», comenta el experto en comunicación François Jost. Hollande, de 58 años, recuerda a Sarkozy, afirmó.
Tensiones con Alemania
El mal ambiente también se deja sentir en las relaciones franco-alemanas. Algunos políticos de las filas de Hollande exigen una ruptura de la rígida política europea de austeridad y, en caso necesario, enfrentándose a Alemania. Esto se ha traducido en ataques personales a Angela Merkel, tildada entre otros de «intransigente y egoísta».
«¿A qué peligroso juego están jugando los socialistas, intentando culpar a Merkel en lugar de analizar la política de su Gobierno?», se preguntaba el diario de izquierdas Libération.
Según un sondeo, tres de cada cuatro franceses desearía un gobierno de unidad nacional en el que se incluyera a la oposición. Algo que Hollande no habría podido imaginarse hace un año. Y en cuanto a la unidad, el balance del primer presidente socialista desde François Miterrand es amargo. La recién aprobada ley del matrimonio homosexual dividió el país como no había sucedido prácticamente con ninguna otra iniciativa política.